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Asociación y Cofradía del Rosario Santo Domingo el Real


sábado, 8 de julio de 2017

Liturgia de las horas

LITURGIA DE LAS HORAS CORRESPONDIENTE AL DOMINGO SEMANA II DEL SALTERIO

LAUDES

HORAS INTERMEDIAS

VÍSPERAS

COMPLETAS

EL SANTO DEL DÍA

LECTIO DIVINA correspondiente al 14º domingo del tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Zacarías 9,9-10

Así dice el Señor:

9 Salta de alegría, Sión, lanza gritos de júbilo, Jerusalén, porque se acerca tu rey, justo y victorioso, humilde y montado en un asno, en un joven borriquillo.

10 Destruiré los carros de guerra de Efraín y los caballos de Jerusalén. Quebraré el arco de guerra y proclamaré la paz a las naciones. Dominaré de mar a mar desde el Eúfrates hasta los extremos de la tierra.

 

•» La segunda parte del libro del profeta Zacarías es obra de otro autor el Segundo Zacarías. El contexto histórico es diferente: falta la perspectiva de la restauración inminente de la monarquía davídica y ni siquiera se vuelve a hablar de la construcción del templo. El pueblo, decepcionado y resignado, entrevé una esperanza grandiosa. Este oráculo invita a la alegría y al grito triunfal con los términos utilizados para celebrar la realeza del Señor y la llegada de la era mesiánica, Las líneas tradicionales del mesianismo político se entremezclan con elementos nuevos e inesperados. El rey que viene no tiene los atributos del dominador victorioso y esperado: su poder deriva únicamente de su relación con Dios. El es el <<justo»,· es decir quien lleva a cabo plenamente la voluntad del Dios e imparte justicia a los pobres; el <<salvador» (tal cual) establecido por Dios. Se advierte la influencia de los cánticos del <<Siervo de YHWH» (en concreto, Is 53,110-12a: <<Mi siervo traerá a muchos la salvación>>…..Le daré un puesta de honor); en este pasaje, la visión es universalista, en claro contraste con las promesas, que no permitirían atisbar un futuro igual. Paradójicamente, la humildad es el camino de la realeza: triunfa el rechazo de la violencia, la modestia del que adopta la pacifica cabalgadura de los antiguos príncipes y extiende su dominio hasta los confines de la tierra. Las esperanzas mesiánicas, insólitas y fascinantes, requieren, por el modo de realizarse, un completo cambio de mentalidad; solicitan una verdadera transformación de la mente, del corazón y de las obras.

 

Segunda lectura: Romanos 8,9.11-13

Hermanos:

9 Vosotros no vivís entregados a tales apetitos, sino que vivís según el Espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, es que no pertenece a Cristo.

11 Y si el Espíritu de Dios que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el mismo que resucitó a Jesús de entre los muertos haré revivir vuestros cuerpos mortales por medio de ese Espíritu suyo que habita en vosotros.

12 Por tanto, hermanos, estamos en deuda, pero no con nuestros apetitos para vivir según ellos.

13 Porque si vivís según ellos, ciertamente moriréis; en cambio, si mediante el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis.

 

Quien mediante el bautismo se une a la muerte y resurrección de Cristo (Rom 6,3ss) es un hombre libre. La fragilidad de nuestra naturaleza (<<carne», en el lenguaje paulino) nos inclina con gran facilidad hasta someternos al pecado: Pablo expresa esta realidad con los términos <<vivir»/<<caminar» <<según la carne». Sin embargo, no se trata de un destino ineluctable, pues un nuevo principio dirige la vida del que pertenece a Cristo: el mismo Espíritu de Jesús, garantía de la resurrección de los creyentes (vv. 9.1 1). Y donde esta el Espíritu de Dios hay libertad (2 Cor 3,17). La nueva, la espléndida condición del cristiano, que Pablo anuncia con orgullo (Rom 8,1 4), es tanto don irrevocable de Dios (cf 11,29) como empeño cotidiano del hombre. La libertad verdadera es continuamente elección y se concreta en la renuncia de si mismo, condición imprescindible para seguir a Cristo (Lc 9,23-25). El Espíritu concede la luz y la fuerza para que cada uno vea y dé los pasos correspondientes por el camino de la libertad, un camino que a través de la mortificación conduce a la vida plena (v 13).

 

Evangelio: Mateo 11,25-30

25 Entonces Jesús dijo: -Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y prudentes y se las has dado a conocer a los sencillos.

26 Si, Padre, así te ha parecido bien.

27 Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, y al Padre no lo conoce mas que el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelan

28 Venid a mi todos los que estáis fatigados y agobiados y yo os aliviaré.

29 Cargad con mi yugo y aprended de mi, que soy sencillo y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras vidas.

30 Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.

 

» Esta perícopa, casi idéntica a Lc 10,21-22, ha sido definida como <<el Magnificat de Jesús». Los sinópticos dan testimonio de que Jesús tenia conciencia de ser el Hijo de Dios de forma única e inefable. Unos pocos versículos bastan para mostrar el corazón de este Hijo e invitamos a poner en él nuestro cobijo.

El contexto, ligeramente diferente en Mateo y Lucas por motivos redaccionales, destaca en ambos el marcado contraste entre la mentalidad común y los pensamientos de Dios (cf Is 55,8ss). Jesús bendice al Senior del cielo y de la tierra llamándolo familiarmente <<Padre» y alaba el conocimiento que, insondable en su sencillez, no se puede adquirir mediante el esfuerzo o trabajo humano. Este conocimiento es puro don de Dios, revelación de Dios a los sencillos (nepíoi v. 25). Solo los <<pequeños» son capaces de acoger con naturalidad, los misterios del Reino de los Cielos anunciados por Jesús. El lo subraya con claridad: tal es el plan del Padre.

En esta afirmación, Jesús nos revela su rostro interior perfilado por una adhesión inquebrantable a la voluntad de Dios, de quien recibe todo y al que le devuelve todo con obediencia amorosa (vv. 26-27a). Esta obediencia inaugura una comunión perfecta con Dios, que en el lenguaje bíblico se expresa con el término conocimiento: no un conocer nocional, sino una relación vital, en la que el Hijo puede introducimos (v. 27b).

Retomando la antigua invitación de la Sabiduría (Prov 8,5; 9,5), llama a los oprimidos por el peso de las tribulaciones de la vida y les ofrece un yugo diferente al de la Ley. Acoger las enseñanzas de Jesús no significa, en efecto, cargar con un cúmulo de normas a observar, sino aprender de él la sencillez y humildad de corazón, que hacen mas llevadera la prueba y mas leve la tribulación (vv 28-30). Quien concuerda su corazón con el del Hijo encuentra descanso y sosiego (v. 29b): el peso del Amor alza a quien lo lleva.

 

MEDITATIO

La liturgia de la Palabra de hoy, como un sorbo de agua de manantial, reconforta nuestra sed de caminantes. Todo lo sencillo e intacto conserva el poder de encandilamos y renovarnos internamente si por un instante nos detenemos y disfrutamos de ello. Con la sencillez de los pequeños, Jesús desenmascara los propósitos que nos formamos, quizá de buena fe, pero que no se corresponden con los planes de Dios. Con frecuencia, nos empeñamos en trabajar por el Reino de los Cielos con materiales y utensilios equivocados: nos hacemos una idea del <<éxito» que solo encaja en un horizonte estrecho, abajo el dominio de la carne». La Palabra nos llama a la humildad de Dios y de Cristo, nos conduce a la rectitud que triunfará el día del Señor nos invita a edificar la paz en nuestro alrededor apaciguando el corazón.

Admitamos que aun no nos hemos aprendido esta lección; verdaderamente, no conocemos ni al Padre ni al Hijo. Ser conscientes de ello es el primer fruto de escuchar la Palabra. Seamos sus discípulos: <<Venid a mi», nos dice la Sabiduría. Despojaos de los sofisticados andamios de vuestra pretendida inteligencia y eficiencia, que terminan aprisionándoos. Descended a las extremas profundidades de mi muerte, y mi Espíritu os resucitaré internamente para una vida nueva y libre. Si la libertad y la paz son valores todavía estimados, su nombre secreto no esta de moda: humildad y sencillez de corazón. Miremos al Dios hecho hombre: contemplémosle y quedaremos radiantes.

 

ORATIO

Te ruego, Señor que derribes los andamios de mi ciencia humana; líbrame de la lógica enmarañada de mis razonamientos, de mi orgullosa autosuficiencia, y concédeme la sencillez del niño, que descubra cada mañana la novedad de todo cuanto sucede, cuando siempre parece igual. Hazme pequeño y libre, Señor, que me encuentre entre los dichosos que tienen ojos para ver y oídos para oír las grandes cosas que has revelado. Y entonces comprenderé que el nuevo orden del mundo, el orden de la justicia y de la paz, lo has depositado en mis manos. Amen.

 

CONTEMPLATIO

<<Venid a mi todos los que estáis fatigados y agobiados y yo os aliviaré» (Mt 11,28). No éste o aquél, sino todos los que tenéis preocupaciones, sentís tristeza o estáis en pecado. Venid no porque yo os quiera pedir cuentas, sino para perdonaros vuestros pecados. Venid no porque yo necesite vuestra gloria, sino porque anhelo vuestra salvación. Porque yo -dice— os aliviaré. No dijo solamente: <<os salvaré», sino lo que es mucho mas: <<os pondré en seguridad absoluta».

No os espantéis —parece decimos el Señor- al oír hablar de yugo, pues es suave; no tengáis miedo de que os hable de carga, pues es ligera. —Pues ¿cómo nos hablo anteriormente de la puerta estrecha y del camino angosto? -Eso es cuando somos tibios, cuando andamos espiritualmente decaídos, porque, si cumplimos sus palabras, su carga es realmente ligera. —¿Y como se cumplen sus palabras?— Siendo humildes, mansos y modestos. Esta virtud de la humildad es, en efecto, madre de toda filosofía. Por eso, cuando el Señor promulgó aquellas sus divinas leyes al comienzo de su misión, por la humildad empezó (cf 7,14). Y lo mismo hace aquí, ahora, al par que señala para ella el más alto premio. Porque no solo -dice— serás útil a los otros, sino que tu mismo, antes que nadie, encontraras descanso para tu alma. Encontraréis —dice el Señor- descanso para vuestras almas. Ya antes de la vida venidera te da el Señor el galardón, ya aquí te ofrece la corona del combate y de este modo, al par que poniéndote El mismo por dechado, te hace más fácil de aceptar su doctrina.

Porque ¿qué es lo que tu temes? —parece decirte el Señor? ¿Quedar rebajado por la humildad? Mírame a mi, considera los ejemplos que yo os he dado y entonces verás con evidencia la grandeza de esta virtud (Juan Crisóstomo, <<Homilías sobre el evangelio de san Mateo», 38,2-3, en Obras de san Juan Crisóstomo, I, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 1955, 759-760).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: <<Aprended de mi que soy sencillo y humilde de corazón» (Mt 11,29).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Este es el más bello canto de amor filial que jamás se haya entonado en la tierra. El Hijo de Dios lo ha cantado, lejos de la casa paterna, lejos de la patria celestial, como los devotos israelitas durante el destierro elevaban a Dios salmos de conmovedora nostalgia. Desde su corazón de pobre e Hijo cariñoso, Jesús, exultando en el Espíritu, eleva al Padre este himno de júbilo que revela el sentimiento de extrema pequeñez y confianza con el que, en cuanto Hombre, se dirige a Dios, el Omnipotente, el Creador del cielo y de la tierra. Jesús es el <<pequeño>> por antonomasia al que le han sido revelados los misterios del Reino de los Cielos. Para hacerse <<pequeño>>, Jesús se he despojado de su gloria divina, y nosotros, para llegar a ser pequeños, en el sentido evangélico, tenemos que despajarnos del hombre viejo, del pecado. Jesús se ha despojado de la gloria divina y ha asumido nuestra condición humana; nosotros tenemos que despojarnos de nuestra falsa grandeza, de nuestro orgullo, y seguirlo. El Espíritu Santo, cuando toca las cuerdas del corazón, las hace sensibles a las vibraciones de la gracia y suscita en ellas un canto divino, la música del amor Sin embargo, Jesús no canturrea solo ni para si; quiere atraer con su cántico a todos los hombres dispersos y reunirlos y restituirlos; para eso ha venido, junto a Dios, como hijo. Su canción se convierte en una inmensa sinfonía cósmica (A. M. Canopi, Il vangelo de la vita nuova, Milan 2000, 35).

 

 

 

LAUDES

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
"Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso."»

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO
Somos el pueblo de la Pascua, 
Aleluya es nuestra canción, 
Cristo nos trae la alegría; 
levantemos el corazón.

El Señor ha vencido al mundo, 
muerto en la cruz por nuestro amor, 
resucitado de la muerte
y de la muerte vencedor.

Él ha venido a hacernos libres
con libertad de hijos de Dios,
él desata nuestras cadenas; 
alegraos en el Señor.

Sin conocerle, muchos siguen
rutas de desesperación,
no han escuchado la noticia
de Jesucristo Redentor. 

Misioneros de la alegría,
de la esperanza y del amor, 
mensajeros del Evangelio
somos testigos del Señor.

Gloria a Dios Padre, que nos hizo,
gloria a Dios Hijo Salvador,
gloria al Espíritu divino:
tres Personas y un solo Dios. Amén.

 

SALMODIA
Ant. 1. Bendito el que viene en nombre del Señor. Aleluya. 

Salmo 117   Himno de acción de gracias después de la victoria
Jesús es la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular (Hch 4,11)

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.

Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.

Diga la casa de Aarón:
eterna es su misericordia.

Digan los fieles del Señor:
eterna es su misericordia. 

En el peligro grité al Señor,
y me escuchó, poniéndome a salvo.

El Señor está conmigo: no temo; 
¿qué podrá hacerme el hombre?
El Señor está conmigo y me auxilia,
veré la derrota de mis adversarios.

Mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los jefes.

Todos los pueblos me rodeaban,
en el nombre del Señor los rechacé;
me rodeaban cerrando el cerco, 
en el nombre del Señor los rechacé; 
me rodeaban como avispas,
ardiendo como fuego en las zarzas,
en el nombre del Señor los rechacé.

Empujaban y empujaban para derribarme,
pero el Señor me ayudó;
el Señor es mi fuerza y mi energía,
él es mi salvación.

Escuchad: hay cantos de victoria
en las tiendas de los justos:
«La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa,
la diestra del Señor es poderosa.»

No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
Me castigó, me castigó el Señor,
pero no me entregó a la muerte.

Abridme las puertas del triunfo,
y entraré para dar gracias al Señor.

–Ésta es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por ella.

–Te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi salvación.

La piedra que desecharon los arquitectos 
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.

Éste es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo.
Señor, danos la salvación; 
Señor, danos prosperidad. 

–Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor; 
el Señor es Dios, él nos ilumina.

–Ordenad una procesión con ramos
hasta los ángulos del altar.

Tú eres mi Dios, te doy gracias;
Dios mío, yo te ensalzo.

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
 
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. 

Ant. Bendito el que viene en nombre del Señor. Aleluya.

Ant. 2. Cantemos un himno al Señor, nuestro Dios. Aleluya.

Cántico  Dn 3, 52-57   Que la creación entera alabe al Señor

¡Bendito el Creador por siempre!   (Rm 1, 25)

Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres:
a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito tu nombre, santo y glorioso:
a él gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres en el templo de tu santa gloria:
a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres sobre el trono de tu reino:
a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres tú, que sentado sobre querubines
sondeas los abismos: 
a ti gloria y alabanza por los siglos.

Bendito eres en la bóveda del cielo:
a ti honor y alabanza por los siglos.

Criaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.
 
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. 

Ant. Cantemos un himno al Señor, nuestro Dios. Aleluya.

Ant. 3. Alabad al Señor por su inmensa grandeza. Aleluya.

Salmo 150   Alabad al Señor
Salmodiad con el espíritu, salmodiad con toda vuestra mente, es decir, glorificad a Dios con el cuerpo y con el alma (Hesiquio)

Alabad al Señor en su templo, 
alabadlo en su fuerte firmamento.

Alabadlo por sus obras magníficas,
alabadlo por su inmensa grandeza.

Alabadlo tocando trompetas,
alabadlo con arpas y cítaras,

alabadlo con tambores y danzas,
alabadlo con trompas y flautas,

alabadlo con platillos sonoros,
alabadlo con platillos vibrantes.

Todo ser que alienta alabe al Señor.
 
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. 

Ant. Alabad al Señor por su inmensa grandeza. Aleluya.
 

LECTURA  BREVE 2P 1, 10-11
Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará: de todas vuestras inmundicias e idolatrías os he de purificar; y os daré un corazón nuevo, y os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Os infundiré mi espíritu, y haré que caminéis según mis preceptos, y que guardéis y cumpláis mis mandatos.

 

RESPONSORIO BREVE
R. Te damos gracias, oh Dios, *Invocando tu nombre. 
Te damos gracias, oh Dios, invocando tu nombre.

V. Contando tus maravillas. *Invocando tu nombre. 
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Te damos gracias, oh Dios, invocando tu nombre. 
 

CÁNTICO EVANGÉLICO    
Ant. El Espíritu bajó del cielo como una paloma y se posó sobre Jesús. 

Benedictus  Lc 1, 68-79
El Mesías y su Precursor

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño,te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. 

Ant. Ilumina, Señor, a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte.

PRECES
Bendigamos a Cristo, que para ser ante Dios el sumo sacerdote compasivo y fiel, quiso parecerse en todo, a sus hermanos, y supliquémosle, diciendo:

  
Concédenos, Señor, los tesoros de tu amor.

Señor, Sol de justicia, que nos iluminaste en el bautismo,
–te consagramos este nuevo día.

Que sepamos bendecirte en cada uno de los momentos de nuestra jornada
–y glorifiquemos tu nombre con cada una de nuestras acciones.

Tú que tuviste por madre a María, siempre dócil a tu palabra,
–encamina hoy nuestros pasos, para que obremos también, como ella, según tu voluntad.

Haz que, mientras vivimos aún en este mundo que pasa, anhelemos la vida eterna
–y, por la fe, la esperanza y el amor, gustemos ya anticipadamente las delicias de tu reino.

Con la misma confianza que tienen los hijos con su padres, acudamos nosotros a nuestro Dios, diciéndole:    

Padrenuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. 

 

ORACIÓN

Dios todopoderoso, que gobiernas a un tiempo cielo y tierra, escuchapaternalmente la oraciónde tu pueblo y haz que los días de nuestra vida se fundamenten en tu paz. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

CONCLUSIÓN 
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

 

HORA INTERMEDIA

 TERCIA, SEXTA, NONA

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.Aleluya.
   

HIMNO
El mundo brilla de alegría.
Se renueva la faz de la tierra.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Ésta es la hora
en que rompe el Espíritu
el techo de la tierra,
y una lengua de fuego innumerable
purifica, renueva, enciende, alegra
las entrañas del mundo.

Ésta es la fuerza
Que pone en pie a la Iglesia
en medio de las plazas
y levanta testigos en el pueblo,
para hablar con palabras como espadas
delante de los jueces.

Llama profunda,
que escrutas e iluminas
el corazón del hombre:
restablece la fe con tu noticia,
y el amor ponga en vela la esperanza,
hasta que el Señor vuelva. Amén.

 

SALMODIA  
Ant. 1. Guíame, Señor, por la senda de tus mandatos.

Salmo 22   El buen pastor 
El Cordero será su pastor, y los conducirá, hacia fuentes de aguas vivas (Ap 7, 17)

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;

me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas;
me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.

Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan.

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
Todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. En verdes praderas me hace recostar el Señor. Aleluya.

Ant. 2. Grande es en Israel la fama del Señor. Aleluya.

Salmo 75   Acción de gracias por la victoria
Verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes (Mt 24, 30)

I
Dios se manifiesta en Judá,
su fama es grande en Israel;
su tabernáculo está en Jerusalén,
su morada en Sión:
allí quebró los relámpagos del arco,
el escudo, la espada y la guerra.

Tú eres deslumbrante, magnífico,
con montones de botín conquistados.
Los valientes duermen su sueño,
Y a los guerreros no les responden sus brazos.
Con un bramido, oh Dios de Jacob,
inmovilizaste carros y caballos. 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Grande es en Israel la fama del Señor. Aleluya.

Ant. 3. La tierra teme sobrecogida, cuando Dios se pone en pie para juzgar. Aleluya. 

II
Tú eres terrible: ¿quién resiste frente a ti
al ímpetu de tu ira?
Desde el cielo proclamas la sentencia:
la tierra teme, sobrecogida,
cuando Dios se pone en pie para juzgar,
para salvar a los humildes de la tierra.

La cólera humana tendrá que alabarte,
los que sobrevivan al castigo te rodearán.
Haced votos al Señor y cumplidlos,
y traigan los vasallos tributo al Temible:
él deja sin aliento a los príncipes;
y es temible para los reyes del orbe. 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
 
Ant. La tierra teme sobrecogida, cuando Dios se pone en pie para juzgar. Aleluya. 

TERCIA
   
LECTURA BREVE Rm 5, 1-2. 5
Ya que hemos recibido la justificación por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo. Por él hemos obtenido con la fe el acceso a esta gracia en que estamos: y nos gloriamos, apoyados en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios. Y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado.

V. Cantaré eternamente las misericordias del Señor. 
R. Anunciaré tu fidelidad por todas las edades.

ORACIÓN     
Señor Dios, Padre todopoderoso, infúndenos la luz del Espíritu Santo, para que, libres de toda adversidad, podamos alegrarnos siempre ent tu alabanza. Por Jesucristo, nuestro Señor.

SEXTA
   
LECTURA BREVE Rm 8, 26
El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables.

V. Que llegue mi clamor a tu presencia, Señor.
R. Con tus palabras dame inteligencia.

ORACIÓN     
Señor, fuego ardiente de amor eterno, haz que, inflamados en tu amor, te amemos a ti sobre todas las cosas y a nuestro prójimo por amor tuyo. Por Jesucristo, nuestro Señor.  

NONA
   
LECTURA BREVE 2Co 1, 21-22
Dios es quien nos confirma en Cristo a nosotros junto con vosotros. Él nos ha ungido, él nos ha sellado, y ha puesto en nuestros corazones, como prenda suya, el Espíritu.

V. El Señor es mi luz y mi salvación. 
R. El Señor es la defensa de mi vida. 

ORACIÓN  
Dios todopoderoso, que gobiernas a un tiempo cielo y tierra, escucha paternalmente la oración de tu pueblo y haz que los días de nuestra vida se fundamenten en tu paz. Por nuestroSeñor Jesucristo.

CONCLUSIÓN    
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

 

VÍSPERAS

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
 
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.Aleluya.    

 

HIMNO
Nos dijeron de noche 
que estabas muerto,
y la fe estuvo en vela
junto a tu cuerpo.

La noche entera
la pasamos queriendo 
mover la piedra.

Con la vuelta del sol,
volverá a ver la tierra 
la gloria del Señor.

No supieron contarlo 
los centinelas:
nadie supo la hora
ni la manera.

Antes del día,
se cubrieron de gloria 
tus cinco heridas.

Con la vuelta del sol,
volverá a ver la tierra 
la gloria del Señor.

Si los cinco sentidos
buscan el  sueño,
que la fe tenga el suyo
vivo y despierto.

La fe velando,
para verte de noche 
resucitando.

Con la vuelta del sol,
volverá a ver la tierra
la gloria del Señor. Amén.

 

SALMODIA  
Ant. 1. Cristo, sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec. Aleluya.

Salmo 109, 1-5. 7   El Mesías, Rey y Sacerdote,
Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies (1 Co 15,25)

Oráculo del Señor a mi Señor:
«Siéntate a mi derecha,
y haré de tus enemigos
estrado de tus pies.»
Desde Sión extenderá el Señor
el poder de tu cetro:
somete en la batalla a tus enemigos.

«Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,
entre esplendores sagrados;
yo mismo te engendré, como rocío,
antes de la aurora.»

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:
«Tú eres sacerdote eterno,
según el rito de Melquisedec.»

El Señor a tu derecha, el día de su ira,
quebrantará a los reyes.
En su camino beberá del torrente,
por eso levantará la cabeza. 

...

Reto

Hola, buenos días, hoy Israel nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.                              
    
DOS SENCILLOS PASOS

Nuestro monasterio es un edificio enorme y, claro, para poder tenerlo todo limpio, cada monja tiene asignadas unas zonas que se ocupa de mantener.

Nosotras, además de cuidar todo el Noviciado, tenemos también los locutorios de abajo.

Como es un espacio medianamente grande y de bastante tránsito, una trata de investigar cómo limpiarlo eficazmente. El último paso (que es pasar la fregona) solía ser eterno, porque en seguida el agua quedaba completamente oscura, y la fregona, más que limpiar, ensuciaba, de modo que no podías seguir, sino que necesitabas ir a cambiar el agua, limpiar la fregona... y después volver y seguir por donde te habías quedado. Y esto más de una vez.

Sin embargo, últimamente estoy haciendo una prueba y funciona genial. En lugar de llenar un cubo de agua, lleno dos cubos. De manera que voy con los dos cubos, y cada poco meto la fregona en uno y la limpio, y después la meto en el otro y con ese agua puedo seguir fregando. De esta manera consigues tener siempre un agua limpia para poder fregarlo todo.

Mientras fregaba el suelo, me daba cuenta de que esto es lo que el Señor ha querido para nosotros. Estos dos cubos son la oración y la acción. El primero es la oración, donde acudimos a saciar nuestro corazón, a dejarnos amar por Él. Y tal es así, que nunca salimos de la oración como hemos entrado, sino que allí se da una transformación en nosotros: Él nos cura, nos sana, nos enseña a amar. Y el segundo cubo es la acción, la entrega, el amor que el Señor te invita a llevar a cada una de las personas que hoy se cruzarán contigo.

Él ha llenado los dos cubos de su Agua Viva, pero el uno sin el otro queda cojo, no da para mucho.

Hoy el reto del amor es parar 10 minutos con el Señor y dejar en Él todo lo que te impide seguir amando. Antes de volver a intentar acercarte a esa persona necesitas refrescar tu corazón en Cristo, dejarte amar por Él. Y después, Él te dará la fuerza para que puedas amar desinteresadamente.

VIVE DE CRISTO

  
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¡Feliz día!

viernes, 7 de julio de 2017

Liturgia de las horas

LITURGIA DE LAS HORAS CORRESPONDIENTE AL SÁBADO SEMANA I DEL SALTERIO

LAUDES

HORAS INTERMEDIAS

VÍSPERAS

COMPLETAS

EL SANTO DEL DÍA

LECTIO DIVINA correspondiente al Sábado de la 13ª semana del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Génesis 27,1-5.15-29

1 Cuando Isaac era ya viejo y había perdido la vista, llamó a su hijo mayor, Esaú, y le dijo: -¡Hijo mío! Él respondió: -Aquí estoy.

2 Continuó Isaac: -Ya ves que soy viejo y no sé cuándo moriré.

3 Así que toma tu aljaba y tu arco, sal al campo y tráeme algo de caza.

4 Prepárame un guisado como a mí me gusta, tráemelo para que me lo coma, y te bendeciré antes de morir.

5 Rebeca había estado escuchando lo que Isaac decía a su hijo Esaú. Éste se fue al campo en busca de caza para su padre.

15 Tomó después Rebeca la ropa de Esaú, la mejor que tenía en casa, y se la puso a Jacob.

16 Con las pieles de los cabritos cubrió sus manos y la parte lisa de su cuello,

17 y puso en las manos de Jacob el guiso y el pan que había preparado.

18 Jacob entró adonde estaba su padre y le dijo: -¡Padre! Él respondió: -Sí, ¿quién eres, hijo mío?

19 Jacob dijo: -Soy Esaú, tu primogénito. He hecho lo que me mandaste. Ven, siéntate, come lo que he cazado y después me bendecirás.

20 Isaac preguntó a su hijo: -¿Cómo la has encontrado tan pronto, hijo mío? Él respondió: -Porque el Señor, tu Dios, me la ha puesto en las manos.

21 E Isaac le dijo: -Acércate, hijo mío, para que te palpe, a ver si tú eres mi hijo Esaú o no.

22 Jacob se acercó a su padre, Isaac, que lo palpó y le dijo: -La voz es la de Jacob, pero las manos son las de Esaú.

23 No lo reconoció, porque las manos eran velludas como las de su hermano Esaú, y se dispuso a bendecirlo.

24 Pero aún insistió: -¿Eres tú de verdad mi hijo Esaú? Él contestó: -Sí, yo soy.

25 Entonces le dijo: -Acércame la caza, hijo mío, para que coma, y te bendeciré. Jacob se la sirvió, y él comió; le trajo también vino, y bebió.

26 Después, Isaac, su padre, le dijo: -Ahora acércate y bésame, hijo mío.

27 Él se acercó y le besó. Y cuando Isaac olió su ropa lo bendijo diciendo: El aroma de mi hijo es como el de un campo bendecido por el Señor.

28 Que Dios te conceda el rocío del cielo, la fertilidad de la tierra y trigo y mosto en abundancia.

29 Que los pueblos te sirvan y las naciones se inclinen ante ti. Sé señor de tus hermanos y que se postren ante ti los hijos de tu madre. Maldito sea quien te maldiga y quien te bendiga sea bendito.

 

*•• El capítulo 27, del que están tomados los versículos que hemos leído hoy, es una obra maestra del arte narrativo y dramático, capaz de implicar profundamente al lector, que se siente cautivado por un relato en el que se funden rasgos de humory de piedad, de astucia y de mezquindad: aspectos que chocan a nuestra sensibilidad moral, pero que también nos ofrecen el tejido que nos permite entrever -más allá de toda previsión humana- el designio de Dios. Isaac representa, en el relato bíblico, un personaje de transición entre dos grandes figuras: Abrahán y Jacob. El autor sagrado se detiene en el momento final de su vida.

Rebeca, madre de Jacob, se muestra injusta con el hijo mayor, pero esto pone de manifiesto aún con mayor claridad la «justicia de Dios». En efecto, YHWH ama a todos, pero no a todos del mismo modo, y hasta cuando los hombres desarrollan un juego deshonesto los unos con los otros, poniéndose «zancadillas» (para recoger la etimología del nombre de Jacob), Dios, por su parte, sigue el puro juego de la gracia, cuya economía no está atada ni condicionada por la naturaleza.

La gracia es gratuita y no puede ser merecida por el hombre; es producto de Sus decisiones y no de las nuestras. Jacob aparece, pues, como alguien que transgrede e invierte la costumbre oriental de la precedencia del hijo mayor sobre el menor, sonsacándole la bendición a su padre ciego. Por tres veces le miente; sin embargo, el Señor se sirve precisamente de esta mentira para llevar adelante su proyecto. Jacob lo pagará amargamente con veinte años de alejamiento y de servidumbre junto a Labán.

También la bendición -que tiene aquí un valor casi mágico-, una vez arrebatada por Jacob, dará testimonio del misterio y de la gratuidad de los dones de Dios. El pueblo elegido, a lo largo de su historia, reconocerá más en Jacob-Israel que en Abrahán su destino plagado de luces y sombras, tejido de santidad y de pecado, de bendición y de lucha incesante.

 

Evangelio: Mateo 9,14-17

En aquel tiempo,

14 se le acercaron los discípulos de Juan y le preguntaron: -¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos, y tus discípulos no ayunan?

15 Jesús les contestó: -¿Es que pueden estar tristes los amigos del novio mientras él está con ellos?

15 Llegará un día en que les quitarán al novio; entonces ayunarán.

16 Nadie pone un remiendo de paño nuevo a un vestido viejo, porque lo añadido tirará del vestido y el rasgón se hará mayor.

17 Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos, porque los odres revientan, el vino se derrama y se pierden los odres. El vino nuevo se echa en odres nuevos, y así se conservan los dos.

 

**• En casa de Mateo, el publicano, además de otros colegas suyos, hay también fariseos. Estos últimos -como hemos visto en el fragmento de ayer- se muestran escandalizados por el comportamiento de Jesús porque come -índice de comunión de vida- con los publicanos y los pecadores. La polémica vuelve a encenderse ahora con un grupo de discípulos -no mejor identificados- del Bautista. Éstos, como su maestro, llevaban una vida de austeridad y penitencia, y se muestran sorprendidos de que los discípulos de Jesús no practiquen el ayuno.

Jesús toma entonces la defensa de los suyos, que, en este momento, son «los hijos de las bodas», es decir, los invitados a estar junto al Esposo, a gozar de su voz(cf. Jn 3,29), porque Jesús está con ellos. Ya llegará el momento en que el Esposo será «arrebatado de la tierra de los vivos» (cf. Is 53,8), y entonces vendrá el tiempo del ayuno. Vienen, a continuación, dos ejemplos en los que se subraya que la alegría de las bodas, de la festiva novedad traída por Jesús, no puede mezclarse con las antiguas prácticas ascéticas. Se trata de realidades irreductibles: la venida de Cristo contiene una novedad absoluta. Los tiempos se han cumplido, las cosas de antes han pasado para dejar sitio a unos cielos nuevos y a una tierra nueva, mientras que los de antes se han enrollado como un vestido viejo e inservible sobre el que no se puede poner ningún remiendo. Con todo, lo antiguo no ha sido abolido, sino recuperado, porque los odres nuevos están hechos para contener vino nuevo, pero el vino envejecido también es bueno. La realidad nueva, significada por la presencia de Jesús, el Emmanuel, el Dios con su pueblo, es el tesoro que lo hace todo precioso.

 

MEDITATIO

Al leer el relato del Génesis se queda uno desconcertado. Sin embargo, Dios -el Santo- «pasa» a través de las intrigas y de las bajezas humanas. Pasa por ellas dejándose herir profundamente; las atraviesa, no obstante, de una manera soberana, como vencedor. A pesar de tanta miseria, un día florecerá de la humanidad el santo Brote, manará la Fuente de agua viva: nos nacerá un Salvador, Dios con nosotros, en nosotros. Esto representará, para cada hombre, la novedad, la juventud sin ocaso, la posibilidad de vivir eternamente con Dios. Por consiguiente, en vez de lamentarnos por la jornada de ayer, que añadió su peso al fardo que ya llevábamos, acojamos con admiración el día de hoy, esta mañana, esta noche, el don extraordinario que Dios nos ha hecho, la novedad de su vida en nosotros, su perdón, que nos transfigura en hijos de Dios. Su amor, que ha sido más fuerte que los pecados de muchos hombres obstinados en el mal, ¿no saldrá victorioso también sobre nuestros pecados? A buen seguro que sí, y precisamente por eso necesitamos ayunar y hacer penitencia, puesto que a través de la penitencia y la oración apresuramos la venida del Esposo y la fiesta que supone estar siempre con él.

 

ORATIO

Señor Jesús, con tu nacimiento, por fin, ha habido algo nuevo bajo el sol. Tú has venido a prepararnos el banquete nupcial del que nadie es excluido. Llegamos a él con nuestras vidas más o menos atormentadas, más o menos marcadas por ambigüedades y compromisos con los que hemos intentado vencer el aburrimiento, la soledad, el miedo a la muerte. Tú, Señor de la vida y Esposo de la humanidad, invitas a todos y reservas a cada uno un puesto de honor, puesto que para ti todos somos únicos e insustituibles.

Concede a todos los hombres gustar con corazón grato la bienaventuranza de ser comensales tuyos en el banquete eucarístico, ese mismo en el que tú dispensas el vino nuevo del amor y de la alegría: el cáliz de tu sangre derramada por nuestra salvación.

 

CONTEMPLATIO

Oh tiempo deseable, tiempo favorable, tiempo que todos los santos anhelan pidiendo todos los días al Señor en la oración: «Venga tu Reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo» (Mt 6,10). Toda la tierra está llena de su gloria. Veo esta tierra que piso, siento esta tierra que soy yo: tanto en una como en otra fatigas, tanto en una como en otra gemidos. Sin embargo, toda la tierra está llena de su gloria. Sé, en efecto, que esta tierra que piso será liberada de la esclavitud de la corrupción y habrá una tierra nueva y unos nuevos cielos. Entonces cantaremos un cántico nuevo, y se oirá la voz de alegría y de exultación. Entonces conoceremos cómo será nuestra transformación. Será motivo de alegría para nosotros la contemplación del Creador en la criatura, el amor del Creador en sí mismo, la alabanza del Creador en sí mismo y en la criatura. «El templo de Dios es santo, y ese templo sois vosotros» (1 Cor 3,17), dice el apóstol. Precisamente, éste es el templo en el que, una vez transferidos al Reino del esplendor eterno, cuando Dios nos enjugue toda lágrima de nuestros ojos, ofreceremos a Dios el sacrificio de alabanza, como él mismo dice por medio del profeta: «El sacrificio de alabanza me honra» (Sal 49,23).

Oh Señor, que te sea agradable en el tiempo presente el sacrificio de nuestra contrición, a fin de que, cuando te sientes en tu trono alto y elevado, te honre el sacrificio de alabanza (Elredo de Rielvaux,Sermón sobre la venida del Señor, passim).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: «Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda bendición espiritual» (Ef 1,3).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

La maternidad de Rebeca es una maternidad de amor que está dispuesta a salvar, a proteger, a defender a su propio hijo, incluso incurriendo en la amenaza de su misma muerte: «Recaiga sobre mí su maldición...». Una página inmensa, si la consideramos a la luz de su cumplimiento último, a la luz de la Virgen María, en cuanto que ella tuvo un Primogénito en el que le fueron dados otros hijos innumerables. No es que Esaú fuera rechazado, pero sí es verdad, sin embargo, que la madre obra de modo que también el segundo de sus hijos, que también nosotros, nos revistamos conla ropa del Hijo mayor y nos presentemos al Padre para obtener la misma bendición que el Primogénito.

María, la Virgen Madre, está dispuesta a sacrificarse por completo, no por el Primogénito, que no tiene ninguna necesidad de su sacrificio, sino por el segundo. Nosotros debemos considerar precisamente lo que María hace con el segundo de sus hijos, con Jacob, que somos nosotros: no, la Moaré no soporta que su hijo más débil sea privado de la bendición. Nosotros somos hijos suyos en Cristo, y ella quiere que todos formemos en él un solo hijo, que vivamos con él una misma vida, que disfrutemos de una misma bendición. Por eso nos recubre con la ropa de su Primogénito y nos lleva ante Dios así vestidos. Ya no hay un primero y un segundo; ya no formamos todos más que un solo hijo. Se interpone ella, la Virgen, para que el castigo que nosotros merecemos no recaiga sobre nosotros, para que la pena que debe recaer sobre nosotros no pueda lastimarnos nunca.

Rebeca es virgen, esposa y madre. Como virgen, ya está toda llena de gracia; como esposa, renueva ya la alegría de la creación; como madre, conoce un amor que verdaderamente da la salvación, obtiene para sus hijos todos los dones de la gracia [...]. En efecto, el amor de la madre se dirige, sobre todo, a los hijos más débiles, a los que más necesidad tienen de este amor. Por ella tienen que ser protegidos, salvados y, en cierto modo, incluso amados con un amor preferencial, que puede parecer injusto, pero no lo es, porque el amor de la Madre, como el amor de Dios, es un amor gratuito, es un amor  que se entrega no porque los otros lo merezcan, sino sólo porque lo necesitan (D. Barsotti, í.e donne dell'alleanza, Turín 1967, pp. 27-34,passim).

 

 

LAUDES

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

INVITATORIO      

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
"Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso."»

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO
Gracias, Señor, por la aurora; 
gracias por el nuevo día;
gracias por la eucaristía; 
gracias por nuestra Señora.

Y gracias por cada hora
de nuestro andar peregrino. 

Gracias por el don divino
de tu paz y de tu amor, 
la alegría y el dolor,
al compartir tu camino.

Gloria al Padre, gloria al Hijo,
gloria al Espíritu Santo,
por los siglos de los siglos. Amén.

 

SALMODIA

Ant. 1. Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio.

Salmo 118, 145-152   XIX (Coph)

Te invoco de todo corazón:
respóndeme, Señor, y guardaré tus leyes;
a ti grito: sálvame,
y cumpliré tus decretos;
me adelanto a la aurora pidiendo auxilio,
esperando tus palabras.

Mis ojos se adelantan a las vigilias, 
meditando tu promesa;
escucha mi voz por tu misericordia, 
con tus mandamientos dame vida;
ya se acercan mis inicuos perseguidores, 
están lejos de tu voluntad.

Tú, Señor, estás cerca,
y todos tus mandatos son estables;
hace tiempo comprendí que tus preceptos 
los fundaste para siempre. 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Me adelanto a la aurora pidiendo auxilio.

Ant. 2. Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación.

Cántico  Ex 15, 1-4. 8-13. 17-18   Himno a Dios, después de la victoria del mar Rojo
Los que habían vencido a la fiera cantaban el cántico de Moisés, el  siervo de Dios (Ap 15,2-3)

Cantaré al Señor, sublime es su victoria, 
caballos y carros ha arrojado en el mar.
Mi fuerza y mi poder es el Señor
él fue mi salvación. 

Él es mi Dios: yo lo alabaré;
el Dios de mis padres: yo lo ensalzaré.
El Señor es un guerrero,
su nombre es «El Señor».

Los carros del Faraón los lanzó al mar,
ahogó en el mar Rojo a sus mejores capitanes.

Al soplo de tu nariz, se amontonaron las aguas,
las corrientes se alzaron como un dique,
las olas se cuajaron en el mar.

Decía el enemigo: «Los perseguiré y alcanzaré,
repartiré el botín, se saciará mi codicia,
empuñaré la espada, los agarrará mi mano.»

Pero sopló tu aliento, y los cubrió el mar,
se hundieron como plomo en las aguas formidables.

¿Quién como tú, Señor, entre los dioses?
¿Quién como tú, terrible entre los santos,
temible por tus proezas, autor de maravillas?

Extendiste tu diestra: se los tragó la tierra;
guiaste con misericordia a tu pueblo rescatado,
los llevaste con tu poder hasta tu santa morada.

Los introduces y los plantas en el monte de tu heredad,
lugar del que hiciste tu trono, Señor;
santuario, Señor, que fundaron tus manos.
El Señor reina por siempre jamás. 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Mi fuerza y mi poder es el Señor, él fue mi salvación.

Ant. 3. Alabad al Señor, todas las naciones. †

Salmo 116  Invitación universal a la alabanza divina
Los gentiles alaban a Dios por su misericordia (cf. Rm 15, 9)

Alabad al Señor, todas las naciones,
† aclamadlo, todos los pueblos.

Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre. 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Alabad al Señor, todas la naciones.

 

LECTURA  BREVE 2P 1, 10-11
 Hermanos, poned cada vez más ahínco en ir ratificando vuestro llamamiento y elección. Si lo hacéis así, no fallaréis nunca; y os abrirán de par en par las puertas del reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

 

RESPONSORIO BREVE
R. A ti grito, Señor: * Tú eres mi refugio. 
A ti grito, Señor: tú eres mi refugio 

V. Y mi lote en el país de la vida. * Tú eres mi refugio. 
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
A ti grito, Señor: Tú eres mi refugio.

 

CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Ilumina, Señor, a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte.

Benedictus Lc 1, 68-79
ElMesíasy su Precursor

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a supueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santosprofetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestropadre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. 

Ant. Ilumina, Señor, a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte.

PRECES
Bendigamos a Cristo, que para ser ante Dios el sumo sacerdote compasivo y fiel, quiso parecerse en todo, a sus hermanos, y supliquémosle, diciendo:   
Concédenos, Señor, los tesoros de tu amor.

Señor, Sol de justicia, que nos iluminaste en el bautismo,
–te consagramos este nuevo día.

Que sepamos bendecirte en cada uno de los momentos de nuestra jornada
–y glorifiquemos tu nombre con cada una de nuestras acciones.

Tú que tuviste por madre a María, siempre dócil a tu palabra,
–encamina hoy nuestros pasos, para que obremos también, como ella, según tu voluntad.

Haz que, mientras vivimos aún en este mundo que pasa, anhelemos la vida eterna
–y, por la fe, la esperanza y el amor, gustemos ya anticipadamente las delicias de tu reino.

Con la misma confianza que tienen los hijos con su padres, acudamos nosotros a nuestro Dios, diciéndole:    

Padrenuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. 

 

ORACIÓN
Te pedimos, Señor, que la claridad de la resurrección de tu Hijo ilumine las dificultades de nuestra vida; que no temamos ante la oscuridad de la muerte y podamos llegar un día a la luz que no tiene fin. Por nuestro Señor Jesucristo.   

      

CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

 

 

HORA INTERMEDIA

 

TERCIA, SEXTA. NONA

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.Aleluya.

HIMNO      
Otra vez –te conozco– me has llamado.
Y no es la hora, no; pero me avisas. 
De nuevo traen tus celestiales brisas
claros mensajes al acantilado 

del corazón, que, sordo a tu cuidado, 
fortalezas de tierra eleva, en prisas
de la sangre se mueve, en indecisas
torres, arenas, se recrea, alzado.

Y tú llamas y llamas, y me hieres,
y te pregunto aún, Señor, qué quieres,
qué alto vienes a dar a mi jornada.

Perdóname, si no te tengo dentro,
si no sé amar nuestro mortal encuentro,
si no estoy preparado a tu llegada.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu,
por los siglos de los siglos. Amén.

 

SALMODIA  
Ant. 1. Guíame, Señor, por la senda de tus mandatos.

Salmo 118,33-40V (He)
Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes,
y lo seguiré puntualmente;
enséñame a cumplir tu voluntad
y a guardarla de todo corazón; 
guíame por la senda de tus mandatos,
porque ella es mi gozo.

Inclina mi corazón a tus preceptos,
y no al interés;
aparta mis ojos de las vanidades,
dame vida con tu palabra;
cumple a tu siervo la promesa
que hiciste a tus fieles.

Aparta de mí la afrenta que temo, 
porque tus mandamientos son amables;
mira cómo ansío tus decretos:
dame vida con tu justicia. 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 2. Los que buscan al Señor no carecen de nada.

Salmo. 33   El Señor, salvación de los justos.
Habéis saboreado lo bueno que es el Señor (1P 2, 3). 

I
Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren.

Proclamad conmigo la grandeza del Señor, 
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,  
me libró de todas mis ansias.

Contempladlo, y quedaréis radiantes, 
vuestro rostro no se avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha 
y lo salva de sus angustias.

El ángel del Señor acampa
en torno a sus fieles y los protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él.

Todos sus santos, temed al Señor,
porque nada les falta a los que le temen;
los ricos empobrecen y pasan hambre,
los que buscan al Señor no carecen de nada. 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Los que buscan al Señor no carecen de nada.

Ant. 3. Busca la paz y corre tras ella.

II
Venid, hijos, escuchadme:
os instruiré en el temor del Señor;
¿hay alguien que ame la vida
y desee días de prosperidad? 

Guarda tu lengua del mal,
tus labios de la falsedad;
apártate del mal, obra el bien, 
busca la paz y corre tras ella.

Los ojos del Señor miran a los justos,
sus oídos escuchan sus gritos;
pero el Señor se enfrenta con los malhechores, 
para borrar de la tierra su memoria.

Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra de sus angustias;
el Señor está cerca de los atribulados,
salva a los abatidos.

Aunque el justo sufra muchos males
de todos lo libra el Señor;
él cuida de todos sus huesos,
y ni uno solo se quebrará.

La maldad da muerte al malvado,.
y los que odian al justo serán castigados.
El Señor redime a sus siervos,
no será castigado quien se acoge a él.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Busca la paz y corre tras ella.

TERCIA

LECTURA BREVE  1R 8, 60-61
Sabrán todas las naciones del mundo que el Señor es el Dios verdadero, y no hay otro; y vuestro corazón será totalmente del Señor, nuestro Dios, siguiendo sus preceptos y guardando sus mandamientos.

V. Señor, enséñame tus caminos. 
R. Haz que camine, con lealtad.

ORACIÓN     
Señor Dios, Padre todopoderoso, infúndenos la luz del Espíritu Santo, para que, libres de toda adversidad, podamos alegrarnos siempre ent tu alabanza. Por Jesucristo, nuestro Señor.      

SEXTA

LECTURA BREVE  Jr 17, 9-10
Nada más falso y enfermo que el corazón: ¿quién lo entenderá? Yo, el Señor, penetro el corazón, sondeo las entrañas, para dar al hombre según su conducta, según el fruto de sus acciones.

V. Absuélveme, Señor, de lo que se me oculta. 
R. Preserva a tu siervo de la arrogancia.

ORACIÓN
Señor, fuego ardiente de amor eterno, haz que, inflamados en tu amor, te amemos a ti sobre todas las cosas y a nuestro prójimo por amor tuyo. Por Jesucristo, nuestro Señor.  

NONA

LECTURA BREVE Sb 7, 27a; 8, 1
La sabiduría de Dios, siendo una sola, todo lo puede; sin cambiar en nada, renueva el universo. Alcanza con vigor de extremo a extremo y gobierna el universo con acierto.

V. ¡Qué magníficas son tus obras, Señor!
R. ¡Qué profundos tus designios!

ORACIÓN  
Escucha, Señor, nuestra oración y danos la abundancia de tu paz, para que, por intercesión de santa María, la Virgen, después de haberte servido durante toda nuestra vida, podamos presentarnos ante ti sin temor alguno.Por Jesucristo, nuestro Señor. 

CONCLUSIÓN
V.  Bendigamos al Señor.

 R. Demos gracias a Dios.

 

 

VÍSPERAS

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
 R. Señor, date prisa en socorrerme.
 
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.Aleluya.    

HIMNO

...

Reto

Hola, buenos días, hoy Lety nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.                              
    
RAYAS DE ALARMA

El otro día me tocó hacer fotocopias de unos temas. Me fui a la fotocopiadora, la encendí, cargué el papel, puse lo que tenía que fotocopiar, marqué el número de copias, y apreté el botón verde para que empezara a trabajar. Como sabía que tardaría, me fui a hacer otras cosas mientras ella trabajaba.

Al rato volví y, al recoger las fotocopias, descubrí que, en mitad de cada folio, dos finas rayas negras pasaban por mitad de todo el texto. No impedían leer, pero no era agradable verlas.

No me lo podía creer. Miré la fotocopiadora. Aparentemente está perfecta, por fuera está como nueva, pero por dentro algo no debe de estar bien para que saque estas rayas...

Mirando la fotocopiadora, me puse a orar con el Señor, y le decía cómo muchas veces por fuera estamos totalmente bien y, en cambio, por dentro hay algo que nos está haciendo sufrir y provoca que nuestra vida tenga rayas.

Solemos guardar dentro de nosotros ese sufrimiento que nos está matando... Sin embargo, sólo cuando lo saques te darás cuenta de que necesitas una reparación. Jesús no te pide que vivas tú solo ese sufrimiento, Él quiere vivirlo contigo.

Llevo unos días en que en todas las visitas nos piden oración por algún sufrimiento. Y esto me ha hecho orar mucho. ¿Cuántas veces estás sonriendo por fuera y por dentro estás llorando? Hoy deja tu sufrimiento en la cruz de Cristo, déjale entrar en tu vida, que Él pueda morir por ese sufrimiento, y así te lo devolverá resucitado. Ni tú ni yo tenemos capacidad de llevarlo. Es el Señor el que lo lleva, el que lo va a hacer en ti, si tú se lo entregas y le dejas a Él.

Hoy el reto del amor es mandar un mensaje a una persona que sepas que su fotocopiadora "saca rayas": que te sienta a su lado, ora por ella y anúnciale el amor del Señor.

VIVE DE CRISTO

  
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¡Feliz día!

jueves, 6 de julio de 2017

Liturgia de las horas

LITURGIA DE LAS HORAS CORRESPONDIENTE AL VIERNES SEMANA I DEL SALTERIO

LAUDES

HORAS INTERMEDIAS

VÍSPERAS

COMPLETAS

EL SANTO DEL DÍA

LECTIO DIVINA correspondiente al Viernes de la 13ª semana del Tiempo ordinario

 

LECTIO

Primera lectura: Génesis 23,l-4.19;24,l-8.10b.62-67

23.1 Sara vivió ciento veintisiete años.

2 Murió Sara en Quiriat Arbé, o sea, Hebrón, en el país de Canaán. Abrahán fue a llorar a Sara y a hacer duelo por ella.

3 Y cuando se levantó de junto a su difunta habló así a los hititas:

4 -Yo soy un emigrante que reside entre vosotros. Dadme una sepultura en propiedad para enterrar a mi difunta.

19 Después Abrahán enterró a Sara en la cueva del campo de Macpelá enfrente de Mambré, es decir, en Hebrón, en tierra de Canaán.

24.1 Abrahán era ya muy viejo, y el Señor le había bendecido en todo.

2 Un día, dijo Abrahán al criado más antiguo de su casa, el que llevaba la administración de todos los bienes: -Pon tu mano bajo mi muslo.

3 Quiero que me jures por el Señor, Dios del cielo y de la tierra, que no tomarás mujer para mi hijo de entre las hijas de los cananeos, en cuya tierra habito,

4 sino que irás a mi tierra, donde reside mi familia, y allí tomarás mujer para mi hijo, Isaac.

5 El criado le respondió: -Y si la mujer no quiere venir conmigo a esta tierra, ¿tendrá que llevar a tu hijo a la tierra de donde saliste?

6 Abrahán le replicó: -De ninguna manera lleves allá a mi hijo;

7 el Señor, Dios del cielo, que me sacó de la casa de mi padre y de la tierra de mi familia, y que me juró: «Yo daré esta tierra a tu descendencia», enviará su ángel delante de ti para que tomes allí mujer para mi hijo.

8 Y si la mujer no quiere venir contigo, quedarás libre de este juramento que me haces, pero a mi hijo no lo lleves allá.

10 Después, el criado partió hacia la tierra de los dos ríos [De allí trajo a Rebeca, hija de Betuel, pariente de Abrahán].

62 Mientras tanto, Isaac había vuelto del pozo de Lajai-Roí, y estaba viviendo en el Négueb.

63 Una tarde, salió a dar un paseo por el campo y, levantando la vista, vio que se acercaban unos camellos.

64 También Rebeca levantó la vista y, al ver a Isaac, bajó del camello

65 y dijo al criado: -¿Quién es aquel hombre que viene por el campo hacia nosotros? El criado respondió: -Es mi señor. Ella entonces tomó el velo y se cubrió.

66 El criado contó a Isaac todo lo que había hecho.

67 Isaac introdujo a Rebeca en la tienda de su madre Sara, la tomó por esposa, y con su amor se consoló de la muerte de su madre.

 

**• La muerte de Sara plantea el problema de encontrarle una sepultura, dado que Abrahán es una«emigrante» y no posee ninguna parcela de tierra en el país de Canaán, la tierra de la promesa. En consecuencia, tiene que tratar con el Consejo de la ciudad de Hebrón para tener una propiedad sepulcral en aquel territorio, posesión que le habría hecho ciudadano con plenos derechos de aquel lugar. Dios, en efecto, le proporciona la posibilidad de comprar a un precio elevado la cueva de Macpelá para sepultar a Sara, y esta posesión se queda, en la historia de Abrahán, como la «señal» de la promesa para la posesión de todo el país. El patriarca recibe una vez más la llamada a vivir de la fe, con la esperanza de los bienes futuros que sólo le son dados como prenda (cf. Heb 11,13-16).

Hemos leído los versículos iniciales y finales del extenso y delicado relato del capítulo 24, que tiene el sabor de una novela. En él se nos muestra la obra de YHWH, que guía la historia llevando adelante su acción de elección y de bendición dirigida a Abrahán. Éste, llegado al final de su vida, confía a su anciano siervo con un juramento sagrado la tarea de buscar una mujer que sea de su parentela para su hijo, Isaac. Abrahán continúa creyendo firmemente en la promesa de YHWH y manda a su siervo a buscar esposa para su hijo en Aram Naharáin: no quiere que Isaac abandone la tierra de la promesa. La misión del siervo concluye felizmente, porque Dios cumple no sólo la promesa de la tierra, sino también la de la descendencia. En efecto, el corazón de Rebeca se abre de una manera dócil a la acción de Dios en ella, convirtiéndose en madre de Israel, en instrumento de la perpetuación de la bendición divina.

 

Evangelio: Mateo 9,9-13

En aquel tiempo,

9 cuando se marchaba de allí, vio Jesús a un hombre que se llamaba Mateo, sentado en la oficina de impuestos, y le dijo: -Sígueme. Él se levantó y lo siguió.

10 Después, mientras Jesús estaba sentado a la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores vinieron y se sentaron con él y sus discípulos.

11 Al verlo los fariseos, preguntaban a sus discípulos: -¿Por qué come vuestro maestro con los Publicanos y los pecadores?

12 Lo oyó Jesús y les dijo:-No necesitan médico los sanos, sino los enfermos.

13 Entended lo que significa:misericordia quiero y no sacrificios;yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.

 

**• «Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores» (v. 13). Así podemos sintetizar, con las palabras mismas de Jesús, el pasaje que hemos leído hoy. Prosigue éste el tema iniciado con la curación del paralítico. Se articula a través de tres momentos: Jesús llama a un publicano -identificado con Mateo- (v. 9); después va a comer con los suyos a la casa del nuevo llamado (v. 10) y, por último, responde a la objeción de los fariseos declarando su misión de salvador (w. 11-13).

Mateo (nombre que significa en hebreo «don del Señor» está sentado en la oficina de impuestos. El autor de este evangelio, aunque habitualmente sigue de forma fiel el relato de Marcos, aquí -y sólo aquí- cambia el nombre de Leví, hijo de Alfeo, por el de Mateo. Éste constituye, por así decirlo, su firma y su identidad de pecador perdonado. En efecto, Mateo ejercía una profesión que tenía mala fama. Los recaudadores de impuestos eran al mismo tiempo colaboracionistas de los odiados ocupadores romanos y oprimían a sus compatriotas.

Se comprende, por tanto, el escándalo de los fariseos al ver a Jesús sentado a la mesa con semejantes pecadores públicos, que se le acercaban en plan familiar. Jesús les responde presentándose como un médico venido a curar a los enfermos. En efecto, Dios dice de sí mismo: «Yo, el Señor, me cuido de ti»(Ex 15,26). ¿Qué enfermedad puede haber más grave que el pecado (cf.Sal 103,3), que nos aleja de sentirnos amados por Dios? Cuanto más pecadores seamos, tanto más se acerca el Señor a nosotros, porque tenemos necesidad de él y viene a buscarnos. «Entended, dice Jesús, lo que significa "misericordia quiero y no sacrificios" (Os 6,6)».

A él debemos volvernos todos, porque no será el culto exterior, los sacrificios y las expiaciones lo que nos cure, sino el descubrimiento de su amor. Su misericordia, en efecto, enviará a Jesús a sacrificarse en la cruz, porque ninguno de nosotros es justo. El único justo ha entregado su vida para que todos nosotros fuéramos sanados.

 

MEDITATIO

La lectura del libro del Génesis nos presenta a Abrahán como padre en la fe, que continúa creyendo, más allá de toda evidencia sensible, en la Palabra del Señor. Prosigue el proyecto divino esperando contra toda esperanza; más aún, su adhesión a Dios se vuelve, con el tiempo, cada vez más convencida, más audaz, más animada por una certeza inquebrantable. También a Mateo se le dirige una invitación:«Sígueme». Y también él lo deja todo y se pone a seguir inmediatamente a Jesús, renunciando a su propia posición, a sus propias comodidades, para seguir a un rabíque no tiene dónde reposar la cabeza. También nosotros nos ponemos en camino, cada día, a la voz del Señor, que resuena en la Iglesia a través de la Palabra proclamada en la liturgia.

El itinerario es siempre el mismo: dejarnos a nosotros mismos, dejar nuestras seguridades, nuestras ganancias, para emprender el camino siguiendo la voz de Cristo, que nos llama. Abrahán acaba siendo propietario no de toda la tierra prometida, sino de una cueva sepulcral. Mateo está llamado a dar la vida por su Señor, porque el discípulo no es más que el maestro. ¿Y nosotros? ¿Somos conscientes de que hemos sido llamados a dejarlo todo? El Señor ha venido a ofrecerse a sí mismo para hacernos capaces de entrar en su movimiento oblativo de ofrenda. Sólo aceptando el riesgo de esta pérdida, de esta muerte en favor de la vida, se nos permitirá entrar en la tierra de la gratuidad, engendrar una posteridad sin número, porque siguiendo al Maestro estaremos llamados cada vez más a ser una sola cosa con él y con el Padre en el Amor que les une.

 

ORATIO

Danos, Señor, una viva experiencia de ti, capaz de ponernos en un camino sin retorno, un camino que conozca únicamente el deseo cada vez más apasionado de contemplar tu rostro. Purifícanos con el fuego de tu amor, para que nuestro pecado, el egoísmo, no nos encierre más en la estrechez de nuestras seguridades. Aferrados por ti, haz que podamos correr detrás de ti cumpliendo todas tus palabras, seguros de que sólo en ti podremos encontrar la plenitud de la paz y de la alegría.

 

CONTEMPLATIO

¡Padre del cielo! Tu gracia y tu misericordia no cambian con la mutación de los tiempos, no envejecen con el transcurrir de los años, como si fueras, al igual que un hombre, un día más misericordioso que otro, más misericordioso el primero que el último. Tu gracia no cambia, dado que eres inmutable, que eres siempre el mismo, eternamente joven, nuevo en cada nuevo día, porque cada día dices:«Hoy mismo».

Oh, mas si un hombre toma en consideración esta palabra y, cogido por ella, se dice seriamente a sí mismo con santa determinación:«Hoy mismo», entonces eso significa para él que desea ser cambiado juntamente ese día, desea que precisamente ese día pueda llegar a ser para él significativo con respecto a los otros días, significativo por el renovado refuerzo en el bien que una vez eligió, o tal vez incluso significativo porque escoge el bien. Tu gracia y tu misericordia consisten en esto: en que tú, inmutable, dices cada día: «Hoy mismo». En efecto, tú eres el que da «hoy mismo» el tiempo de la gracia; el hombre, sin embargo, es alguien que debe coger«hoy mismo» el tiempo de la gracia. Así es nuestro hablar contigo, oh Dios; existe una diferencia de lenguaje entre nosotros; sin embargo, nos esforzamos por comprenderte y por hacernos comprensibles a ti, y tu no te avergüenzas de ser llamado nuestro Dios.

Eso que -dicho por ti, oh Dios- es la eterna expresión de tu gracia y de tu misericordia inmutables, eso mismo -repetido en su justo sentido por un hombre- constituye la máxima expresión del cambio y de la decisión más profunda; sí, como si todo estuviera perdido si el cambio y la decisión no tuvieran lugar hoy precisamente.

Concédenos, pues, que este día pueda ser un día de verdadera bendición, que podamos escuchar la voz de aquel a quien tú enviaste al mundo y podamos seguirle (S. Kierkegaard, «Esercizi di cristianesimo», enMicromega 2 [2000], pp. 103-105, passim).

 

ACTIO

Repite con frecuencia y vive hoy la Palabra: «Mirad, éste es el tiempo favorable, éste es el día de la salvación» (2 Cor 6,2).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Siempre resulta ilusorio creerse convertido de una vez por todas. No, no somos más que simples pecadores, aunque pecadores perdonados, pecadores-en-perdón, pecadores-en-conversión.

No se nos da otra santidad aquí abajo [...]. Convertirse significa comenzar siempre de nuevo este cambio radical interior mediante el cual nuestra pobreza humana se vuelve hacia la arada de Dios. De la Ley de la letra pasa a la Ley del Espíritu y de la libertad, de la ira a la gracia. Este vuelco no acaba nunca, porque no hace otra cosa que volver a comenzar constantemente. Antonio el Grande, patriarca y padre de todos los monjes, lo decía de una manera lapidaria: «Cada mañana me digo: hoy empiezo».

La conversión, efectivamente, es siempre una cuestión de tiempo: el hombre necesita tiempo, y también Dios quiere tener necesidad de tiempo con nosotros. Nos haríamos una imagen del hombre absolutamente errada si pensáramos que las cosas importantes en la vida de un hombre se pueden llevar a cabo de inmediato y de una vez por todas. El hombre ha sido hecho de tal modo que necesita tiempo para crecer, madurar y desarrollar todas sus propias capacidades. Dios lo sabe mejor que nosotros, y por eso espera, no desiste, es indulgente, longánimo: «La bondad de Dios te empuja a la conversión» (Rom 2,4). Benito, en el prólogo de su Regla,nos brinda un comentario de una gran riqueza: Dios sale cada día a la busca de su obrero, y el tiempo que nos da es una dilación, un don, un tiempo de gracia que se nos otorga de una manera gratuita. Es un tiempo que podemos emplear para encontrar a Dios una vez más, para encontrarle cada vez mejor en su estupenda misericordia (A. Louf,Sotto la guida dello Spirito, Magnano 1990, pp. 11-13, passim).

 

 

LAUDES

V. Señor, ábreme los labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
 

INVITATORIO
Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

Durante cuarenta años
aquella generación me asqueó, y dije:
"Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso."»

Ant. Entremos a la presencia del Señor, dándole gracias.

HIMNO
Así: te necesito
de carne y hueso.
Te atisba el alma en el ciclón de estrellas, 
tumulto y sinfonía de los cielos;
y, a zaga del arcano de la vida,
perfora el caos y sojuzga el tiempo,
y da contigo, Padre de las causas,
Motor primero.

Mas el frío conturba en los abismos,
y en los días de Dios amaga el vértigo.
¡Y un fuego vivo necesita el alma
y un asidero!

Hombre quisiste hacerme, no desnuda 
inmaterialidad de pensamiento.
Soy una encarnación diminutiva;
el arte, resplandor que toma cuerpo:
la palabra es la carne de la idea:
¡encarnación es todo el universo!
¡Y el que puso esta ley en nuestra nada
hizo carne su verbo!
Así: tangible, humano,
fraterno.

Ungir tus pies, que buscan mi camino,
sentir tus manos en mis ojos ciegos,
hundirme, como Juan, en tu regazo,
y –Judas sin traición– darte mi beso.

Carne soy, y de carne te quiero.
¡Caridad que viniste a mi indigencia,
qué bien sabes hablar en mi dialecto!
Así, sufriente, corporal, amigo,
¡cómo te entiendo!
¡Dulce locura de misericordia:
los dos de carne y hueso!

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Amén.

 

SALMODIA
Ant. 1. Aceptarás los sacrificios, ofrendas y holocaustos, sobre tu altar, Señor.

Salmo 50  Misericordia, Dios mío
Renovaos en la mente y en el espíritu y vestíos de la nueva condición humana (Ef 4, 23-24)

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que aborreces.
 
En la sentencia tendrás razón,
en el juicio resultarás inocente.
Mira, en la culpa nací;
pecador me concibió mi madre.

Te gusta un corazón sincero,
y en mi interior me inculcas sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más blanco que la nieve.

Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos quebrantados. 
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda culpa.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro, 
no me quites tu santo espíritu.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti.

Líbrame de la sangre, oh Dios,
Dios, Salvador mío,
y cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza.

Los sacrificios no te satisfacen: 
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías. 
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado; 
un corazón quebrantado y humillado,
tú no lo desprecias.

Señor, por tu bondad, favorece a Sión, 
reconstruye las murallas de Jerusalén: 
entonces aceptarás los sacrificios rituales, 
ofrendas y holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos. 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Aceptarás los sacrificios, ofrendas y holocaustos, sobre tu altar, Señor.

Ant. 2. Con el Señor triunfará y se gloriará la estirpe de Israel.

Cántico   Is 45, 15-25  Que los pueblos todos se conviertan al Señor
Al nombre de Jesús toda rodilla se doble (Flp 2, 10)

Es verdad: tú eres un Dios escondido,
el Dios de Israel, el Salvador.
Se avergüenzan y se sonrojan todos por igual,
se van avergonzados los fabricantes de ídolos; 
mientras el Señor salva a Israel
con una salvación perpetua,
para que no se avergüencen ni se sonrojen nunca jamás.

Así dice el Señor, creador del cielo
–él es Dios–,
él modeló la tierra, 
la fabricó y la afianzó;
no la creó vacía,
sino que la formó habitable:
«Yo soy el Señor, y no hay otro.»

No te hablé a escondidas,
en un país tenebroso,
no dije a la estirpe de Jacob:
«Buscadme en el vacío.»

Yo soy el Señor que pronuncia sentencia
y declara lo que es justo.
Reuníos, venid, acercaos juntos,
supervivientes de las naciones.
No discurren los que llevan su ídolo de madera
y rezan a un dios que no puede salvar.

Declarad, aducid pruebas,
que deliberen juntos:
¿Quién anunció esto desde antiguo,
quién lo predijo desde entonces?
¿No fui yo, el Señor?
–No hay otro Dios fuera de mí–.

Yo soy un Dios justo y salvador,
y no hay ninguno más. 

Volveos hacia mí para salvaros,
confines de la tierra,
pues yo soy Dios, y no hay otro.

Yo juro por mi nombre,
de mi boca sale una sentencia, 
una palabra irrevocable: 
«Ante mí se doblará toda rodilla, 
por mí jurará toda lengua»; 
dirán: «Sólo el Señor
tiene la justicia y el poder.»

A él vendrán avergonzados
los que se enardecían contra él;
con el Señor triunfará y se gloriará
la estirpe de Israel. 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. 

Ant. Con el Señor triunfará y se gloriará la estirpe de Israel.

Ant. 3. Entrad con vítores en la presencia del Señor.

Salmo 99   Alegría de los que entran en el templo
El Señor manda que los redimidos entonen un himno de victoria (S. Atanasio)

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría, 
entrad en su presencia con vítores.

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos, 
su pueblo y ovejas de su rebaño.

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre:

« El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.» 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
 
Ant. Entrad con vítores en la presencia del Señor. 

 

LECTURA BREVE Ef 4,29-32
Malas palabras no salgan de vuestra boca; lo que digáis sea bueno, constructivo y oportuno, así hará bien a los que lo oyen. No pongáis triste al Espíritu Santo de Dios con que él os ha marcado para el día de la liberación final. Desterrad de vosotros la amargura, la ira, los enfados e insultos y toda la maldad. Sed buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros como Dios os perdonó en Cristo.

 

RESPONSORIO BREVE
R. En la mañana * Hazme escuchar tu gracia. 
En la mañana hazme escuchar tu gracia.

V. Indícame el camino que he de seguir. * Hazme escuchar tu gracia. 
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
En la mañana hazme escuchar tu gracia.

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

Benedictus Lc 1, 68-79
El Mesías y su Precursor

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño,te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. 

Ant. Ilumina, Señor, a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte.         

PRECES
Adoremos a Cristo, que salvó al mundo con su cruz, y supliquémosle, diciendo: 
Concédenos,  Señor, tu misericordia.
         
Oh Cristo, que con tu claridad eres nuestro sol y nuestro día,
–haz que, desde el amanecer, desaparezca de nosotros todo sentimiento malo.

Vela, Señor, sobre nuestros pensamientos, palabras y obras,
–a fin de que nuestro día sea agradable ante tus ojos.

Aparta de nuestros pecados tu vista
–y borra en nosotros toda culpa.

Por tu cruz y tu resurrección,
–llénanos del gozo del Espíritu Santo.
 

Ya que somos hijos de Dios, oremos a nuestro Padre como Cristo nos enseñó:   

Padrenuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. 

 

ORACIÓN

Oh Dios, que has iluminado las tinieblas de nuestra ignorancia con la luz de tu Palabra: acrecienta en nosotros la fe que tú mismo nos has dado; que ninguna tentación pueda nunca destruir el ardor de la fe y de la caridad que tu gracia ha encendido en nuestro espíritu. Por nuestro Señor Jesucristo.
     

CONCLUSIÓN
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

 

 

HORA INTERMEDIA

 

TERCIA, SEXTA, NONA

 

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.Aleluya.
 

HIMNO

Ando por mi camino, pasajero,
y a veces creo que voy sin compañía,
hasta que siento el paso que me guía, 
al compás de mi andar, de otro viajero.

No lo veo, pero está. Si voy ligero,
él apresura el paso; se diría
que quiere ir a mi lado todo el día,
invisible y seguro el compañero.

Al llegar a terreno solitario,
él me presta valor para que siga,
y, si descanso, junto a mí reposa.

Y, cuando hay que subir monte (Calvario
lo llama él), siento en su mano amiga,
que me ayuda, una llaga dolorosa.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu,
por los siglos de los siglos. Amén.

SALMODIA
Ant. 1. Correré por el camino de tus mandatos cuando me ensanches el corazón.

Salmo 118, 25-32  IV, (Daleth)

Mi alma está pegada al polvo:
reanímame con tus palabras;
te expliqué mi camino, y me escuchaste:
enséñame tus leyes;
instrúyeme en el camino de tus decretos,
y meditaré tus maravillas. 

Mi alma llora de tristeza,
consuélame con tus promesas;
apártame del camino falso,
y dame la gracia de tu voluntad;
escogí el camino verdadero, 
deseé tus mandamientos.

Me apegué a tus preceptos,
Señor, no me defraudes;
correré por el camino de tus mandatos
cuando me ensanches el corazón. 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Correré por el camino de tus mandatos cuando me ensanches el corazón.

Ant. 2. Confiando en el Señor, no me he desviado.

Salmo 25   Oración confiada del inocente
Dios nos eligió en la persona de Cristo para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor (Ef 1,4)

Hazme justicia, Señor, que camino en la inocencia;
confiando en el Señor, no me he desviado.

Escrútame, Señor, ponme a prueba,
sondea mis entrañas y mi corazón,
porque tengo ante los ojos tu bondad,
y camino en tu verdad.

No me siento con gente falsa,
no me junto con mentirosos;
detesto las bandas de malhechores,
no tomo asiento con los impíos.

Lavo en la inocencia mis manos,
y rodeo tu altar, Señor,
proclamando tu alabanza,
enumerando tus maravillas.

Señor, yo amo la belleza de tu casa,
el lugar donde reside tu gloria.

No arrebates mi alma con los pecadores, 
ni mi vida con los sanguinarios,
que en su izquierda llevan infamias,
y su derecha está llena de sobornos.

Yo, en cambio, camino en la integridad;
sálvame, ten misericordia de mí. 
Mi pie se mantiene en el camino llano;
en la asamblea bendeciré al Señor. 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Confiando en el Señor, no me he desviado.

Ant. 3. En el Señor confía mi corazón, él me socorrió.

Salmo 27, 1-3.6-9   Súplica y acción de gracias
Padre, te doy gracias porque me has escuchado (Jn 11,41)

A ti, Señor, te invoco;
Roca mía, no seas sordo a mi voz;
que, si no me escuchas, seré igual
que los que bajan a la fosa.

Escucha mi voz sup1icante
cuando te pido auxilio,
cuando alzo las manos
hacia tu santuario.

No me arrebates con los malvados
ni con los malhechores,
que hablan de paz con el prójimo, 
pero llevan la maldad en el corazón.

Bendito el Señor, que escuchó
mi voz suplicante;
el Señor es mi fuerza y mi escudo:
en él confía mi corazón;
me socorrió, y mi corazón se alegra
y le canta agradecido.

El Señor es fuerza para su pueblo, 
apoyo y salvación para su Ungido. 
Salva a tu pueblo y bendice tu heredad, 
sé su pastor y llévalos siempre. 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. En el Señor confía mi corazón, él me socorrió.

         
TERCIA

LECTURA BREVE Flp 2, 2b-4
Manteneos unánimes y concordes, con un mismo amor y un mismo sentir. No obréis por rivalidad ni por ostentación, dejaos guiar por la humildad y considerad siempre superiores a los demás. No os encerréis en vuestros intereses, sino buscad todos el interés de los demás.

V. Las sendas del Señor son misericordia y lealtad. 
R. Para los que guardan su alianza y sus mandatos.

ORACIÓN
Señor Jesucristo, que a la hora de tercia fuiste llevado al suplicio de la cruz por la salvación del mundo, ayúdanos a llorar los pecados de la vida pasada y a evitar las faltas en lo porvenir. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

SEXTA
LECTURA BREVE 2Co 13,4
Es verdad que Cristo fue crucificado por su debilidad, pero vive ahora por la fuerza de Dios. Nosotros compartimos su debilidad, pero por la fuerza de Dios compartiremos su vida para vuestro bien.

V. Mi alma está pegada al polvo.
R. Reanímame, Señor, con tus palabras.

ORACIÓN
Señor Jesucristo, que a la hora de sexta subiste a la cruz por nuestra salvación, mientras las tinieblas envolvían al mundo, concédenos que tu luz nos ilumine siempre, para que; guiados por ella, podamos alcanzar la vida eterna. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

         
NONA
 

LECTURA BREVE Col 3, 12-13
Como elegidos de Dios, santos y amados, vestíos de la misericordia entrañable, bondad, humildad, dulzura, comprensión. Sobrellevaos mutuamente y  perdonaos, cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo.         

V. El Señor es compasivo y misericordioso. 
R. Lento a la ira y rico en clemencia.

ORACIÓN
Señor Jesucristo, que, colgado en la cruz, diste al ladrón arrepentido el reino eterno, míranos a nosotros, que, como él, confesamos nuestras culpas, y concédenos poder entrar también, como él, después de la muerte, en el paraíso. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. 

CONCLUSIÓN
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

 

 

VÍSPERAS

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