Espacio dedicado a promover la devoción a la Virgen mediante la divulgación del rezo del Rosario, como medio de contemplar y meditar los misterios de la vida de Nuestro Señor Jesucristo y asemejarnos a Él.

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Asociación y Cofradía del Rosario Santo Domingo el Real


miércoles, 19 de septiembre de 2012

Mis reflexiones de las lecturas de hoy

Queridos hermanos en Cristo:

Este fragmento de la Carta de San Pablo es uno de mis favoritos. Es la clásica Epístola que se lee en las celebraciones de bodas, el Himno a la Caridad. ¿De qué me exhorta aquí San Pablo? Él me dice que no sea como un cualquiera. Cualquiera es capaz de amar, cualquiera es capaz de hacer buenas obras, cualquiera es capaz de ser bueno, amable, cualquiera puede tener conocimientos, incluso conocimientos del bien, muchos dan limosnas a los pobres, . Pero, ¿todo esto es bien visto a los ojos del Señor? Bueno... puede... Lo que tengo que tener en cuenta, queridos hermanos, es que todo el bien que yo pueda hacer no tiene por qué venir de Dios, sino porque me apetece hacerlo, de forma esporádica o de forma habitual, por lástima o porque me sobra el dinero.  Lo que viene de Dios son cosas SANTAS y no es suficiente con que sean buenas. Buenas pueden ser muchas y muchas personas, cientos, miles, millones, pero no es suficiente con ser bueno. Hay que añadirle la Fe, la Esperanza y, sobre todo, la Caridad, para que una persona sea SANTA... Ya lo dijo el Señor en el Evangelio de San Mateo (22, 14), "muchos serán los llamados, pero pocos los elegidos". Si no ofrecemos a Cristo nuestras obras, ¿de qué nos sirve? O, se puede decir, "Señor, que esta obra de Caridad sea en tu nombre." Los pobres que ofrecen su pobreza al Señor, son el verdadero pobre. El pobre que recoge dinero en la puerta de un templo y con ello se va a comprar cerveza y vino para embriagarse, tiene una forma poco acertada de ofrecer su pobreza a Cristo. San Pablo, como fariseo que fue antes de su conversión, se dio cuenta de todo esto y por eso nos escribe esta Carta.

El Evangelio de hoy me resulta complicado de explicar, máxime cuando no soy sacerdote ni tengo una formación teológica. Pero, puedo expresar lo que Cristo me quiere transmitir. Los hombres de la generación o, mejor dicho, de la época de Cristo, pensamos que eran muy distintos a los hombres de la época actual. Estamos muy equivocados. Somos los mismos hombres, sólo que más avanzados social y tecnológicamente. Cristo me manda señales continuamente. Cristo me dice que no puedo comportarme como un niño, y, por desgracia, ahora mismo personas que son adultas, se comportan como niños. Los niños dicen, "vamos a jugar al escondite", y el resto dice "a mí no me apetece, vaya porra". Los niños dicen, "vamos a bailar" y habrá alguno que diga... "vaya porra, a mí no me apetece"... y habrá otros niños que le sigan a ese niño que se niega por que sí... simplemente porque sí y se quedará el niño que ha propuesto el juego como diciendo... bueno... vaya panda... Pues así somos también los adultos con Cristo. Nos exhorta y nos dice y dice que hagamos y que hagamos, pero no nos apetece en ese momento y arrastramos a los demás a que no hagan. "No, ahora no que tengo cosas que hacer", "no, ahora no que no tengo tiempo", "no, ahora no que estoy cansado", "no, no y no". Queremos hacer un Dios a nuestra medida, como les pasaba a los judíos. Por eso cuando llega alguien como Juan Bautista o como Cristo dicen... "este no sabe de que habla" o "ahora no es el momento". ¿Estoy en lo cierto o no, hermanos? El camino de Dios está marcado y no podemos adaptar  el camino de Dios a nosotros, sino todo lo contrario. Somos nosotros los que tenemos que adaptarnos al camino de Dios.

Manuel
Presidente de Juventud de la Cofradía del Rosario.



martes, 18 de septiembre de 2012

Mis reflexiones sobre lecturas de hoy.

Queridos hermanos en Cristo.

Las lecturas de hoy me dicen muchas cosas.

San Pablo, me recuerda que no se puede descabezar a Cristo no creyendo en la Iglesia. La Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo y como tal, no podemos separarlo de Él. No puedo decir "creo en Cristo pero no creo en la Iglesia" ó "he perdido la Fe por culpa de este, del otro o el de la moto". Si alguien me dice alguna vez esto, le digo, con valentía pero con pesar "tú nunca has tenido Fe". Esto se llama FARISEISMO, llámalo hipocresía si quieres, y en eso San Pablo tiene mucha experiencia porque él era fariseo. También el que os escribe tiene experiencia en esto, por eso os escribo, para que no caigáis en mi error.  Para el que experimenta la Fe verdadera de Cristo, como San Pablo que el mismo Cristo le cegó y le devolvió la visión, le resulta imposible separar la Iglesia de Cristo. Te puede caer bien un sacerdote, te puede caer mal, puedes pensar que el de al lado es peor que tú (a lo mejor espiritualmente es mejor que tú, pero estás tan ciego que no lo ves), o mejor que tú y que no vas a llegar nunca a donde esté, o que la vecina cuando sale de Misa es más mala que un dolor de muelas... ¿Eso que nos importa? Tú eres templo de Cristo, templo del Espíritu Santo y lo que cuenta es tu comunicación personal con Cristo. Si se hace con Fe, se puede obtener un gran regalo. San Pablo también nos recuerda que no hace falta hablar todas las lenguas, ni tener dones ni poderes especiales para estar junto a Cristo. Cristo nos quiere como somos, y como somos vamos a corresponderle.

En el Evangelio, como todos los Evangelios en los que nos habla Cristo directamente, a mí me habla directamente a mi Fe. No lo considero un relato en el que Cristo resucita a una persona, no. Yo lo considero como que Cristo resucita una Fe agotada, muerta. Sólo Cristo puede reavivar la Fe muerta de una persona. Yo, al principio, decía que un sacerdote me quitó la Fe y que un sacerdote me la devolvió. Que gran mentira y que gran error que cometía, hermanos. La Fe la perdí yo solito y el Señor me la devolvió. Esto es correcto. La madre a la que Cristo se refiere en el Evangelio, es la Virgen María. Cristo nos resucita la Fe y nos entrega a su Madre.  Ahora todo depende de nosotros mismos.

Manuel.
Presidente de Juventud de la Cofradía del Rosario.