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Asociación y Cofradía del Rosario Santo Domingo el Real


martes, 2 de noviembre de 2010

Dios quiere que recemos el rosario todos los días porque ama las mediaciones

Por Leandro Coccioli



Dios nos pide que recemos el rosario todos los días porque quiere y ama que lleguemos a Él por mediaciones. Dios ama las mediaciones, por eso ama que vayamos a Él por María, por eso ama que vayamos a Él por el rosario diario.


No entender y rechazar una mediación para unirnos a Dios con la pretensión de unirnos a Él directamente, es no entender y rechazar el misterio de Cristo. Justamente somos creados y salvados por la mediación de Jesucristo, como enseña el apóstol San Pablo en los himnos cristológicos de Colosenses 1, 15-20 y Efesios 1, 3-14.


Es así que la necesidad de la mediación y la Voluntad Divina de servirse de ella para crearnos y redimirnos, esto es, el misterio de Cristo, es lo que funda la necesidad e importancia de la mediación que constituye el rosario de María. Dios ama la mediación del rosario porque ama la mediación única de su Divino Hijo Jesucristo. Por el rosario cotidiano, en cuanto medio, contemplamos la belleza del rostro de Cristo, el Único Mediador, y por la gracia del Espíritu Santo que pasa por las manos de la Virgen, somos santificados al ser configurados según la semejanza del rostro de Quien contemplamos.


Una de las razones de la necesidad de las mediaciones para nosotros es la misericordia de Dios: el Soberano Infinitamente Todopoderoso se adecúa a nuestra pequeñez. Nuestra pequeñez no podría soportar el contacto directo con la Belleza infinita de Dios. Por eso se hizo hombre en Jesucristo: baja del cielo, para elevarnos. Por eso nos da a María, una creatura, para llegar a Él, y por eso nos da el rosario. De esta manera, el Señor en su Providencia se complace en multiplicar las mediaciones proporcionadas a nuestra pequeñez, y después de los Santos Sacramentos y la Liturgia de la Iglesia, nos concede como principal camino para llegar a Él el Santísimo Rosario de la Virgen. Cuando alcancemos la vida eterna en la gloria, Dios nos transformará y glorificará en la consumación de nuestra divinización para que podamos contemplar su Rostro sin mediaciones, cara a cara. Y quienes gozarán más felizmente de la Belleza infinita de Dios serán los hijitos predilectos de María, que se cobijaron con gran humildad bajo su manto rezándole cada día con fidelidad y abandono por una mediación, su rosario, pues quienes participan de la oración de la orante perfecta, la Madre de Dios, participarán también de su gloria en el cielo.