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martes, 12 de octubre de 2010

El valor del rosario diario

Reflexión a partir de las palabras del Papa Benedicto XVI en ocasión del mes del rosario



Por Leandro Coccioli




Meditemos el valor del rosario diario a partir de las sabias palabras del Papa Benedicto XVI en ocasión del Ángelus dominical del 10 de octubre de 2010. El Santo Padre dijo: «estamos invitados a dejarnos guiar por María en esta oración antigua y siempre nueva, muy apreciada por ella porque nos conduce directamente a Jesús, contemplado en sus misterios de salvación: de gozo, de luz, de dolor y gloriosos». «El Rosario –continuó el Papa recordando al venerable Juan Pablo II– es la oración bíblica, totalmente tejida por la Sagrada Escritura. Es una oración del corazón, en la que la repetición del ‘Ave Maria’ orienta el pensamiento y el afecto hacia Cristo. Es oración que ayuda a meditar la Palabra de Dios y a asimilar la Comunión eucarística, bajo el modelo de María que custodiaba en su corazón todo aquello que Jesús hacía y decía, y su misma presencia». El Papa concluyó los saludos invitando a «todos a identificarse cada vez más con Jesucristo, a vivir de su amor, a serle fieles en todo momento, a agradecerle tantos dones como recibimos de su divina bondad y a descubrir su presencia salvadora en medio de las pruebas de la vida. Que en este mes de octubre, la invocación constante del dulce Nombre de la Virgen María, mediante el rezo del santo Rosario, sea para todos fuente de consuelo y esperanza. Feliz Domingo».


La enseñanza del Papa es muy profunda y elevada, y toca el corazón de la maravilla que es el rosario cotidiano. Reflexionemos por partes lo que encontramos en cada pensamiento suyo:


1) estamos invitados a dejarnos guiar por María

Quien reza el rosario diario se deja guiar por María. Uno puede acercarse a Dios por su propia cuenta o por medio de María. Si lo hacemos por nuestra propia cuenta, nos presentaremos a Dios en la nuestra. Si lo hacemos a través de María, será la Gloriosa Madre de Dios quien nos presentará al Trono Divino. Sin necesidad de pensarlo dos veces, vemos que no es lo mismo orar por medio de María que hacerlo sin recurrir a Ella.


El Papa primero dice que estamos invitados a hacerlo, lo que es exacto porque la oración es una respuesta a la invitación de Dios, ya que siempre la iniciativa de la oración, aunque al principio no nos parezca, la tiene Dios: «Nosotros amamos porque Dios nos amó primero» (1 Juan 4, 19); y «Y este amor no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó primero, y envió a su Hijo como víctima propiciatoria por nuestros pecados» (1 Juan 4, 10). Entonces, así como Dios tiene la iniciativa de enviar a su Hijo, también siempre en las oraciones gratas a Él es Él mismo quien primero nos mueve a rezarle por medio de una gracia actual. Así es con cada rosario que rezamos día a día: estamos respondiendo a la invitación de Dios por María que nos llama a unirnos a Él por medio del rosario.


El Santo Padre en sus palabras dice algo muy hondo: «dejarnos guiar». Corresponde a algo que toca la esencia del rosario diario el ‘dejarse guiar’ por María. Si nos estamos dejando guiar es porque no somos nosotros quienes tenemos la conducción de nuestras vidas y mucho menos la guía. María es nuestra guía, y es más, es quien nos conduce, es decir, nos toma y nos lleva, no solamente nos guía. En la verdadera devoción a María -como enseñada por San Luis María de Montfort-, nos abandonamos en los brazos de María como niñitos, como el niñito Jesús. Este es el gran secreto de la santidad más elevada y de la vida mística más maravillosa. Mediante el rosario diario, realizamos este abandono en sus brazos maternales. Porque si adoptamos como oración predilecta y principal el rosario diario, es que desechamos nuestros medios y métodos, para abandonarnos literalmente en el medio y método de María: el rosario cotidiano. Para quien lleva una vida de oración profunda, pero aún no experimentó el rosario diario, y debido a sus ocupaciones alcanza a tener aproximadamente una media hora diaria exclusiva de oración -lo que toma como mínimo una corona del rosario-, si se le hablara de adoptar el rosario como forma de oración, podría tener la inclinación prejuiciosa de temblar ante la idea de abandonar su bella oración por un rezo estructurado y repetitivo que le parecería de principiantes, de devotos poco elevados. Esto es una reacción natural. Y he usado la palabra abandonar porque el rosario diario como forma de oración es justamente abandonarse, olvidarse de las capacidades de uno y de todo lo que uno puede llegar a hacer para unirse a Dios, y abandonarse en brazos de María. Ante semejante acto de esperanza, se entiende cómo los devotos del rosario llegan a la santidad aceleradamente. Rezar el rosario diario es dejar de confiar en nosotros y confiar totalmente en María. Por eso el camino más corto y pronto para llegar a santo es el rosario diario.


Entonces, por medio del rosario de cada día, nos abandonamos en los brazos de María y nos dejamos guiar por Ella.



2) en esta oración antigua y siempre nueva

La oración del rosal de María es antiquísima. Bajo el modo que la conocemos, tiene al menos aproximadamente 8 siglos de antigüedad. Pero la antigüedad no es sinónimo de anticuado. El Papa nos dice que es siempre nueva, así lo ha testimoniado Pontífice tras Pontífice recomendándola una y otra vez incansablemente a lo largo de la historia de la Iglesia. Y la Virgen en cada aparición nos insiste en que recemos el rosario todos los días.


Benedicto XVI dice que es ‘siempre nueva’. Esto es por dos razones. El rosario como oración tiene dos fines: contemplación y súplica.


En cuanto contemplación, consiste en la contemplación del misterio de Cristo. Y este misterio es inagotable. Aunque meditemos durante largos años día a día en los 20 misterios del rosario, nunca agotaremos su riqueza y maravilla. Siempre será nuevo. El misterio de Cristo que se contempla en cada decena es infinito, siempre rebosa novedad, así es ahora y lo es por toda la eternidad.


En cuanto que el rosario es súplica, súplica incesante, también es siempre nuevo. Porque nunca habremos suplicado lo suficiente por nuestra salvación. Por lo que a cada instante debemos pedir a Dios que nos salve. Nadie puede decir ‘he suplicado lo suficiente, ya no necesito pedir más’. Sería un pobre presuntuoso en peligro de condenación. En cambio el humilde, hasta que no es llevado por la Virgen al cielo, no dejará de suplicarle día y noche que ruegue por él ahora y en la hora de su muerte. Esto es el rosario siempre nuevo en cuanto súplica: siempre debemos suplicar. Aparte, en nuestra vida siempre habrá novedades de toda clase, por lo que también pediremos con intenciones referidas a las necesidades que surjan.


El rosario es siempre nuevo porque nunca agotaremos el misterio de Cristo que contemplamos y porque necesitamos pedir en todo momento.



3) muy apreciada por ella porque nos conduce directamente a Jesús, contemplado en sus misterios de salvación: de gozo, de luz, de dolor y gloriosos».


La Virgen ama el rosario porque de él ha hecho Dios el camino directo para ir a Jesús: los brazos de su Madre. Rezar el rosario es abandonarse en los brazos de María, y Ella no se queda con nosotros para Ella, sino que nos prepara y nos lleva directamente al Amor de los amores, al Señor de su Corazón Inmaculado, su Hijo Divino, para que se vuelva el Señor de nuestros corazones. El Papa dice algo muy importante. El rosario no puede reducirse a un mero medio, pero el Papa dice algo más con estas palabras: el rosario no es un medio. ¡El rosario es ir directo a Jesús! Admirémonos de la excelencia del rosario diario. No des más vueltas, reza el rosario todos los días: irás directo al sentido de tu vida, a tu Jesús. Por eso, como el rosario es ir directo a Jesús, no hay que temer jamás que recomendar el rosario a alguien que no sabe nada de la fe católica y quiere acercarse a Dios sería darle demasiado de pronto. ¡Es un prejuicio! Justamente el rosario lo llevará directamente a Jesús, como enseña Benedicto XVI. Aquel prejuicio nos viene en parte porque creemos que somos nosotros con nuestras palabras los que evangelizamos. Es cierto que nuestras palabras son importantes y ayudan, pero lo decisivo del Evangelio lo tiene Jesús en el interior de cada alma, y si a una persona le recomendamos el rosario, ¡le estamos recomendando que vaya directamente con Jesús! Por lo que, con nuestras valiosas palabras, ayudemos a los hermanos que quieren acercarse a Dios recomendando ir directo a Jesús mediante el rosario diario.


A Jesús se lo conoce en sus misterios de salvación: los gozosos, luminosos, dolorosos y gloriosos. No busquemos a Jesús con parloterías, rezando como charlatanes, dejándonos llevar por el impulso y sentimentalismos, como el Salvador nos enseña y advierte en Mateo 6, 7-8: «Cuando oren, no hablen mucho, como hacen los paganos, ellos creen que por mucho hablar serán escuchados. No hagan como ellos, porque el Padre que está en el cielo sabe bien qué es lo que les hace falta, antes de que se lo pidan.» Para conocer a Jesús realmente, hay que dejarlo hablar a Él, y Él lo hace revelándonos sus misterios de gozo, luz, dolor y gloria a través del rosario. ¡Que hable su misterio, no nosotros! Nosotros, humildes y abandonados en los brazos de la Madre de Dios, limitémonos con confianza a repetir incansablemente la oración que el Señor enseñó a los discípulos tras aquella advertencia, el Padrenuestro, y a recitar Avemaría tras Avemaría, que es el cántico nuevo que anunció el misterio de Jesús.


¿Quieres ir directo a Jesús? Lo encontrarás en sus misterios sagrados, los misterios del rosario, rosario compuesto de las oraciones que a Él le agradan. No hay modo más directo de ir a Jesús, tenlo por seguro, que los santos, que lo rezaban puntillosamente todos los días, lo tenían muy claro.



4) El Rosario es la oración bíblica, totalmente tejida por la Sagrada Escritura


Sobre esta verdad se han escrito numerosos artículos defendiendo el carácter esencialmente bíblico del rosario. Sólo diremos aquí que la fuente del rosario es la Palabra de Dios: los misterios que contemplamos se hallan en las Escrituras, y las oraciones que lo componen también. Asimismo el carácter repetitivo del rosario, que responde a la exigencia bíblica de la oración incesante (1 Tesalonicenses 5, 17) en imitación del Divino Salvador que en Getsemaní repetía su súplica al Padre una y otra vez (Mateo 26, 42.44). El rosario no es repetir, el rosario es amar, y el rosario es unirse una vez, y otra vez, y otra vez, y otra... por siempre, una y otra vez. Los Avemarías repetidos incesantemente son en realidad el amor que se sostiene incansablemente.



5) Es una oración del corazón, en la que la repetición del ‘Ave Maria’ orienta el pensamiento y el afecto hacia Cristo


Esto que dice el Romano Pontífice es muy hermoso y hondo. Aquí dice otro aspecto de la belleza de la repetición. Porque el sentido de la vida humana es la unión con Dios, y precisamente la repetición de lo mismo, del Avemaría que anuncia a Jesús, y la contemplación siempre de los mismos 20 misterios de Cristo, al ser siempre en este sentido lo mismo, al ser entonces una cosa, uno, brindan una ayuda para orientar el pensamiento y el afecto hacia Uno solo. La repetición conviene a lo unitivo de la oración porque nos une al Uno. Por eso el rosario es tan perfecto, porque al concentrarse en algo uno, conviene admirablemente para unirse al Uno, a Cristo. El rosario en lo repetitivo es unitivo, como el amor que concentra todo en el Amado y no piensa más que en Él, repitiendo todo sobre Él. Es una oración del corazón, corazón cuyo centro llega a ser Jesús, el Jesús que repetimos Avemaría tras Avemaría como centro de esa oración a María (‘y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús...’). Tengamos muy presente que en el centro de cada Avemaría, oración a la Virgen, reina soberanamente el nombre Santísimo de Jesús.



6) Es oración que ayuda a meditar la Palabra de Dios

La Virgen, nuestra Maestra, a medida que progresamos en el rezo diario del rosario, nos instruye misteriosamente en la Palabra de Dios y los secretos que contiene. Su rosario no sólo ayuda a meditar la Palabra de Dios durante el rezo de cada misterio, sino que por aquel abandono que hacemos al rezar así, nos santificamos y nos abrimos más al Espíritu Santo, de modo que, más dispuestos a recibir las luces del Espíritu, cada vez que nos acerquemos a la Santa Palabra, oiremos más atentamente su voz divina que nos explica las Escrituras. Como el rosario cotidiano nos hace santos, siendo santos gozaremos de la sabiduría de Dios, y entenderemos la Biblia con esta sabiduría divina que nos comunica María.



7) ayuda a asimilar la Comunión eucarística

El Papa expresa algo bellísimo: la conexión honda entre Eucaristía y rosario diario. No hay mayor adorador de Jesús Sacramentado que quien reza el rosario diario, porque la Virgen a través de esa oración le comunica su amor ardentísimo a su Hijo en el Santísimo Sacramento. Ella nos lleva a unirnos a Jesús, y la mayor unión que podemos alcanzar con su Hijo en esta vida es a través de la Santísima Eucaristía. Por eso, siendo verdaderos devotos de la Virgen por su rosario diario, lo más importante para nosotros en esta vida será cada Comunión eucarística, cuando nos unimos íntimamente al Dios que contemplamos en cada misterio.



8) bajo el modelo de María que custodiaba en su corazón todo aquello que Jesús hacía y decía, y su misma presencia

Aquí Benedicto XVI da en el centro del secreto admirable del Santísimo Rosario. Porque rezar el rosario es rezar como rezaba la Virgen, que custodiaba y meditaba en su corazón todo aquello que Jesús hacía y decía. La Virgen no nos da una oración extraña a su propia oración, sino que en su bondad y generosidad, en su amor tan grande por nosotros, nos quiere hacer participar de su elevadísima e insuperable oración para hacernos santos como Ella. Esto es el rosario diario: rezar como la Virgen, tomar una parte en su oración, en su contemplación de Cristo, para que, participando de su oración, participemos de su santidad. ¿Qué mayor glorificación de Dios que esta?



9) Invito a todos a identificarse cada vez más con Jesucristo, a vivir de su amor, a serle fieles en todo momento, a agradecerle tantos dones como recibimos de su divina bondad y a descubrir su presencia salvadora en medio de las pruebas de la vida.

Queridos hermanos: tengan por seguro, que alcanzaremos todo esto por medio del rosario diario. La condición para alcanzar esta vida de santidad y de fidelidad a la gracia a la que invita el Papa, es que el rezo perseverante del rosario diario esté gobernado por el deseo puro de vivir la Santísima Voluntad de Dios. La condición de la eficacia del rosario cotidiano para esta obra santificadora capitaneada por María, es buscar siempre la Voluntad de Dios. Y todo lo demás, se dará por añadidura. Una vez que empuñamos el rosario con aquella disposición adecuada, si perseveramos, María se encargará de todo. De lo único que debemos preocuparnos es de rezar el rosario diario, que de hacernos santos se encarga María, porque nosotros sólo podemos y sabemos decir una cosa: ¡Ave, María!. La garantía de que el rosario diario nos llevará a la santidad que dice el Papa, es el testimonio incontestable de los santos. ¡Ellos rezaban el rosario todos los días! Si nosotros nos decidimos a imitar su ejemplo, llegaremos a ser santos como ellos, ¡y aún más!



Hemos llegado al fin de esta reflexión que nos ha inspirado la sabiduría del gran Papa que nos ha regalado el Señor para estos tiempos y que ha formado María a través del rosario que le reza cada día. Nos despedimos con sus propias palabras:


«Que en este mes de octubre, la invocación constante del dulce Nombre de la Virgen María, mediante el rezo del santo Rosario, sea para todos fuente de consuelo y esperanza.»


¿Porque quien puede tener mayor consuelo y esperanza que quien ha hallado y vive el secreto de los santos, el secreto de la felicidad?: ¡Rezar el rosario todos los días!