Espacio dedicado a promover la devoción a la Virgen mediante la divulgación del rezo del Rosario, como medio de contemplar y meditar los misterios de la vida de Nuestro Señor Jesucristo y asemejarnos a Él.

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Asociación y Cofradía del Rosario Santo Domingo el Real


miércoles, 10 de agosto de 2011

Por el rosario diario, María nos revela a Jesús para hacernos como Él

Por Leandro Coccioli


Nos enseña el Beato Juan Pablo II en su carta sobre el rosario: «El Rosario nos transporta místicamente junto a María, dedicada a seguir el crecimiento humano de Cristo en la casa de Nazaret. Eso le permite educarnos y modelarnos con la misma diligencia, hasta que Cristo “sea formado” plenamente en nosotros» (Rosarium Virginis Mariae n.15)


Si nos disponemos a orar y lo hacemos con nuestros medios, por más buena intención que tengamos, siempre entre Dios y nosotros estará el escenario de nuestra vida, y lo que poco más o menos podamos a llegar a ver que nos separa de Dios y pediremos al Señor que purifique para amarlo perfectamente.


Pero si rezamos con el medio de la Virgen María, esto es, el rosario diario, entre Dios y nosotros estará el escenario de los misterios de la vida de Jesús, el Santo de los santos.


No hace falta pensarlo mucho para darse cuenta de qué visión, si la de nuestra alma o la de Jesús, será la que nos conducirá a una unión más íntima con Dios. Con el rosario diario, tenemos una oración perfecta, la más perfecta, para alcanzar la más elevada santidad, la mayor configuración con Jesús, porque viendo a Jesús, contemplándolo, llegamos a ser como Él por la mediación de María. María nos revela a Jesús para llegar a hacernos como Él.


Con nuestros medios, con nuestros métodos y formas de oración, vemos nuestra vida, pero limitados por nuestra capacidad. Con nuestra luz, que es tenue, apenas nos veremos, apenas nos llegaremos a conocer, y sin conocernos, nos quedaremos estancados en el estado espiritual que nos encontremos, nunca maduraremos. Con el medio de María, el rosario diario, viendo la vida de Jesús, a la luz de su santidad suprema, llegamos a ver también nuestra vida, pero a la luz de esa Santidad fuente de toda santidad, con la capacidad de María, con la capacidad de Jesús. A la luz de la vida de Jesús, veremos nuestros pecados pasados y presentes, nuestros defectos, nuestras imperfecciones, nuestra infidelidad a la gracia. A la luz omnipotente de Jesús, nos veremos totalmente desnudos. La visión de nuestra alma será progresiva, hasta que gracias a la perseverancia en el rosario diario, llegará un día en el que nos maravillaremos de la belleza que habrá obrado María en nuestro corazón, que lo hará muy semejante al de su Jesús. Viendo en cada misterio del rosario la santidad de Jesús, su perfección, su plenitud de gracia, su obediencia al Padre, contemplándolo, nos volveremos como Quien amamos por mediación de María. Porque contemplando la belleza del rostro de Cristo rezando el rosario cada día a la Virgen, Ella nos modelará según esa belleza para hacernos plenos hijos de Dios como es su Hijo.