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jueves, 26 de mayo de 2011

El rosario diario, arma y escudo contra las ilusiones en la devoción

Por Leandro Coccioli



El rosario diario, oración perfecta, oración agradable a Dios, y ordenada a su gloria, según su amor y para nuestra santificación, constituye el arma y escudo admirables para defendernos contra las ilusiones en la devoción y asegurarnos el progreso espiritual hasta alcanzar la perfección. Este modo ejemplar de orar nos preserva de caer en la falsa oración, la oración de los charlatanes e hipócritas contra la que nos advierte Jesús (Mateo 6, 5-15).


La clave de la oración es buscar con humildad, confianza y perseverancia la Voluntad de Dios, y buscando su Voluntad, amarlo sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos, lo que es el núcleo de nuestra fe, lo que es la esencia de la santidad cuando se vive heroicamente esta caridad. Para alcanzar esto, debemos orar de modo agradable a Dios, porque la oración es la relación con Dios, y de acuerdo a cómo nos relacionemos con Él, y con el prójimo, será nuestro crecimiento que nos unirá más estrechamente a Él y nos transformará según su semejanza.


En quienes comienzan su camino espiritual, siempre se da una oración de corte sentimentalista, que se guía por lo externo de las palabras, quizás largos discursos, y mide la calidad de la plegaria de acuerdo a lo que se llega a sentir, de acuerdo al gusto superficial que se experimenta. El rosario diario, con la aspereza característica de esta oración, ayuda a purificar este horrible defecto, que es horrible porque no estamos buscando a Dios, sino a nosotros mismos. Normalmente Dios, en los primeros rosarios que la persona reza, concede un cierto gusto sensible para atraerlo, pero respondiendo a la velocidad maravillosa con que esta oración mariana nos purifica y nos lleva a Dios, enseguida deja sentir arideces y sequedades, para ordenar la sensibilidad al espíritu, y que quien gobierne nuestra oración, es decir, nuestra relación con Dios, sea nuestra inteligencia y nuestra voluntad, nuestra alma.


Hay personas que aparentan una gran devoción, que pueden pasarse horas orando. Pero no pasan de ser principiantes -algunos ni siquiera están en gracia-, ya que sin darse cuenta se buscan a ellos mismos, porque cuentan con sus talentos y sus aptitudes para unirse a Dios, lo que es absurdo, porque sólo Dios puede unirnos a Él y transformarnos según su santidad. Para esto, es preciso olvidarnos de nuestras capacidades y recurrir a los medios, a las disposiciones que nos ofrece la Divina Providencia. Y el medio insustituible e inmejorable es el rezo diario del rosario. Esto es algo muy humillante para la persona, ¡lo que es perfecto!, porque la oración debe ser una humillación amorosa: olvídate de tus discursos, y recurre al discurso de Dios, que está cifrado en los Padrenuestros y Avemarías que hilvanan los misterios de Cristo en el rosario de cada día.


Quien ha progresado en su vida espiritual y ya no se guía por lo sensible, sin embargo, guiándose por su alma, sigue teniendo un grandísimo dejo de amor propio que le impide esa unión perfecta con Dios. Comienza a gozar de una cierta contemplación, pero que es bastante humana. Esto se debe a que aún se guía por sí mismo, y no está abandonado en Dios. No está gobernado por Dios. No está guiado por Dios. Rezando el rosario cotidiano, este adelantado conseguirá a través de la oración de María centrarse en Cristo para perderse a sí mismo. Totalmente centrado en el misterio de Cristo, llegará a morir a sí mismo, para ser gobernado por el Espíritu Santo, y alcanzar la unión con Dios cuan posible es en esta vida.


Así, quien llega a la perfección, disfruta del rosario de cada día como su encuentro especial con Jesús en María. Ya no le resulta tedioso, ya no le resulta difícil de aceptar, pues sólo ama, y el rosario diario, es amar a Dios pues nos une a Él, y es amar al prójimo, ofreciendo cada rosario por las necesidades de los demás.


Si rezamos el rosario todos los días y perseveramos, descubriremos que pronto comenzará a suceder algo maravilloso: nuestro diálogo con Jesús y María a lo largo del día fuera del rosario, será purificado y elevado, será santo, bello, simple, y se irá conformando a la Voluntad del Padre a medida que progresemos en aquella devoción. Esto es un gran misterio. Consiste en que como hemos escogido como oración la oración de María, la orante perfecta, Ella nos introduce en su Corazón Inmaculado, en el fuego del Espíritu que arde en su Corazón que nos purifica y santifica, y así, Ella nos comunica su propia oración. De este modo, sólo rezamos en conformidad con María, y como María, así alcanzaremos una oración hermosa y nuestro diálogo con Dios a lo largo del día, más allá del rosario, será uno de los frutos exquisitos de aquel rosario diario: aprenderemos a hablar con Dios, y ante todo, aprenderemos a oír su voz misteriosa, y transformados por medio del rosario, seremos dóciles en obedecerla para alcanzar la mayor perfección cristiana.