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Asociación y Cofradía del Rosario Santo Domingo el Real


jueves, 22 de marzo de 2012

El rosario diario es la oración de la infancia espiritual

Por Leandro Coccioli



Jesús nos enseña que para entrar en el Reino de los Cielos, debemos hacernos pequeños como niños (Mt 18, 3-4). Esto significa que debemos hacernos dependientes de Dios como lo es un niño de sus padres, totalmente confiados y abandonados en sus brazos y protección. Este espíritu de infancia se extiende también a todas las dimensiones espirituales del hombre, entre ellas, la más importante, la que nos une a Dios, nuestra relación con Él, que es la vida de oración. Debemos por lo tanto, también, orar como niños.


Los niños no saben orar, no saben hablarle a Dios, tienen que repetir lo que le dicen sus padres para poder dirigirse al Señor. Y aquí entra el rosario diario, que es una oración de repetición, una oración de niños. El hombre humilde y pequeño, que se hace como niño, se olvida de sus capacidades y se confía a la capacidad, al poder y a la revelación de Dios, al modo en que Dios quiere que se dirija a Él, que está expresado en la oración del santo rosario cotidiano. Si vamos a hacernos niños, ante todo, debemos orar como niños, y por lo tanto, rezar y rezar, que nuestra oración se convierta en un rezo abandonado, un suplicante e insistente balbuceo infantil de Avemarías, que cada Avemaría sea un «mami, mami», y que no podamos hacer otra cosa que pensar en el misterio de Jesús contenido en cada decena.


Simplificando de este modo nuestra oración, rezando como niños, comenzaremos a disponernos para ser transformados, empequeñecidos en todo, para ser engrandecidos por la gracia y esperar con fe la gran gloria que Dios promete, y que anticipa por la felicidad y paz que se experimenta ya en esta vida, a quienes mueren a sí mismos y se hacen unos niñitos en sus brazos en todo, absolutamente en todo, comenzando por la forma de oración.